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Perros

Coincidiendo con la irrupción del virus, he observado una cierta relajación en las costumbres higiénicas de los dueños de perros de la parte alta de la ciudad

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Un hombre con su perro, en un banco playero de Barcelona, el 26 de abril.

Un hombre con su perro, en un banco playero de Barcelona, el 26 de abril. / AP / EMILIO MORENATTI

Qué es más importante: ¿el uso de mascarillas por la calle o recoger los excrementos de tu perro?

Vivo en un barrio en el que hay muchos perros. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, y coincidiendo con la irrupción del virus, he observado una cierta relajación en las costumbres higiénicas de los dueños de perros de la parte alta de la ciudad.

No es que no me gusten los perros, al contrario, me encantan. El amor verdadero por los animales es hereditario y cultural, como casi todo. Los perros me gustan casi tanto como los niños y más que la mayoría de los adultos. Mi impecable currículum perruno lo demuestra. Nací con teckels en casa: Kundry, Corina y Safo, y otro cuyo nombre no recuerdo, luego tuvimos una fase muy alocada con pastores del Pirineo ('gossos d’atura'): Otelo y Mila, y finalmente, durante los últimos 20 años hemos tenido labradores: Luna, Nana, Patum I y Patum II. A algunos los hicimos criar en casa: Corina era hija de Safo, Otelo de Mila, Nana y Patum I de Luna.

He salido con algunos hombres a los que no les gustaban los animales, pero nunca han sido relaciones fructíferas y no hay nada más descorazonador que un niño que le tiene miedo a los perros (siempre es culpa de los aspavientos de los padres, claro).

Hace unos años corrió por las redes esa frase tan vulgar de: “Si no tiene libros, no te lo folles” (¡ya no saben qué inventar para que leamos!), pues yo diría más bien: “Si no le gustan los animales, pues eso”. 

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Aun así, para alguien que está casi siempre con la cabeza en las nubes o mirando hacia los árboles, las nuevas (y muy laxas) costumbres higiénicas de los dueños de perro son un pequeño problema. Tal vez algunos hayan pensado: “Ya que el mundo se va a la porra, pues eso”. O tal vez se deba a que cuando uno baja la mirada llevando la mascarilla puesta, hay unos centímetros de suelo que no ve (lo que los conductores de coche llaman el punto ciego).

¿Habrá algún estudio sobre la relación entre mascarillas y recogida de excrementos perrunos? Deberíamos preguntárselo al comité de expertos (imaginarios) del Gobierno.