Opinión | Tensión social en EEUU
Profesora de Ciencia Política en la UCM e investigadora sénior en el Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI)
Ruth Ferrero-Turrión
Steinbeck y Lee en la América de Trump
El asesinato de Floyd ha encendido la chispa de una rebelión que reclama justicia social y que puede acabar en una revolución

Donald Trump saluda mientras sube al Air Force One para viajar a Florida, este miércoles. / periodico
Durante las últimas semanas en Estados Unidos se han sucedido una serie de acontecimientos que conjugan una dramática estampa donde confluyen la pandemia, el hundimiento de la economía y la movilización de la población afroamericana. Nunca estos tres ejes habían coincidido en el mismo periodo espacio temporal, nunca su virulencia se había mostrado tan descarnada y nunca la violencia fue tan jaleada desde las posiciones de poder político.
Ni durante la pandemia de la influenza de 1918, que causó 675.000 muertos solo en EEUU; ni en 1929, durante la Gran Depresión, ni durante las luchas por los derechos civiles de los años 60 se vio a un líder político incendiar a la sociedad de la manera en que lo está haciendo Donald Trump. Es difícil encontrar liderazgos políticos tan mezquinos. Incluso aquellos que, al igual que Trump, se consideraban defensores del orden público, como es el caso de Nixon, intentaron de alguna manera tender puentes con la comunidad afroamericana en los momentos de mayor tensión social.
El asesinato de George Floyd en Mineápolis, una de las ciudades más multiculturales pero también con más problemas de segregación, ha vuelto a poner sobre la mesa dos de los grandes males de este país: la desigualdad y el racismo. Durante la pandemia la comunidad afroamericana ha sido una de las más azotadas, especialmente en grandes ciudades como Detroit, Chicago o Nueva Orleans, donde su impacto en este colectivo ha sido desproporcionado.
Factores de riesgo
Varias son las razones que se apuntan. Por un lado, la segregación laboral preexistente, una gran mayoría de afroamericanos trabaja en sectores esenciales y, por tanto, más expuestos. Por otro, los afroamericanos padecen mayores índices de obesidad, diabetes y otras con una mayor prevalencia del virus. A lo anterior, hay que añadir que también este colectivo tiene el doble de probabilidades de no tener seguro de salud o de habitar en zonas adonde no llega la atención médica.
La situación de desigualdad estructural previa instalada en la sociedad norteamericana se ha agravado aún más con el covid-19, el último asesinato a manos de la policía ha prendido la chispa de una rebelión que reclama justicia social que podría tornarse, incluso, en una revolución.
Trump continúa con su estrategia polarizadora, encendiendo los ánimos, utilizando el lenguaje de los segregacionistas y alentando a la represión en lugar de al diálogo, todo con la mirada puesta en las presidenciales de noviembre. Está por ver que este sea el camino a la victoria. Desde el bando demócrata sólo se escucha un silencio complice que abdica de las luchas por los derechos civiles de Luther King y Robert Kennedy. Otras voces están ocupando su lugar, procedentes de la comunidad afroamericana que no están dispuestos a dejarse ahogar y quieren cambiar las cosas para conseguirlo. Ellos serían hoy los protagonistas de las novelas de John Steinbeck y Harper Lee.
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