04 ago 2020

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UN AÑO EN EL PODER

La alcaldesa de Sant Cugat del Vallès, Mireia Ingla, en los alrededores del consistorio, en julio del 2019, poco después de acceder al cargo.

JORDI COTRINA

Mireia Ingla, la republicana que asaltó el reino

Sergi Sol

Mireia Ingla conquistó la alcaldía de Sant Cugat del Vallès luego de doblar resultados. La republicana puso fin al reinado de CiU tras 32 años ininterrumpidos. La dolorosa pérdida del feudo desató la furia de los posconvergentes, que recibieron la nueva mayoría con todo tipo de insultos e incluso amenazas. Mientras estos reinaron, nadie había protagonizado similar pataleta. Y eso pese a las sospechas que iban en aumento. Los escándalos de corrupción que acechaban al ayuntamiento se han traducido finalmente en condenas por mordidas. No ya del 3%. Pasqual Maragall se quedó corto. Puesto que Fèlix Millet y Jordi Montull se llevaban un buen pellizco. Quien parte y reparte se queda con la mejor parte.

Cabe decir que una de las acusaciones de lesa traición a la patria que sustentaron las protestas (contra la nueva alcaldesa republicana) fue que el PSC apoyara la investidura de Ingla y sellara un acuerdo de gobierno con CUP y ERC. En cambio, y es de vergüenza ajena, los que protestaron ante tamaña fechoría, la investidura de Ingla, silbaban ante las denuncias de corrupción y callaron luego ante las condenas. Y esos mismos que consideraron un atentado a la patria que una mujer, joven, republicana, de izquierdas e independentista, fuera alcaldesa no dijeron ni palabra cuando su partido de referencia aupó al PSC al frente de la todopoderosa Diputación de Barcelonadesechando la posibilidad de dar sus votos a Dionís Guiteras, hombre de probada honradez y solvencia, que además contaba con un diputado más, gracias a la alianza con Tot per Terrassa.

Un nuevo independentismo que da qué pensar

Da mucho qué pensar un independentismo de nuevo cuño que se enoja ante una alcaldía republicana pero no se sonroja entregando la presidencia de la Diputación de Barcelona (y un sin fín de gobiernos metropolitanos) al "¡155!". Porque justamente eso vociferaban contra Mireia Ingla. Y más da qué pensar -ya no como independentistas, sino como demócratas- que se proteste airadamente contra la investidura de una mujer republicana mientras se mantiene una actitud impertérrita ante la corrupción. Y cuando ya se escuda en las 'cloacas del Estado' es para darse con un canto en los dientes.

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De Sant Cugat del Vallès es Raül Romeva, para tres años en la cárcel. ¡Tres años! Romeva, un tipo honesto, ecologista y izquierdas, encabezó Junts pel Si, un artefacto hecho a medida de los deseos de Artur Mas, que quedó lejos del resultado esperado. Cuando se produjo la investidura 'fail' de Mas, ni por un momento permitieron que Romeva, a la postre el que puso la cara, optara a presidente. Tras cinco meses de maraña y esperpento, habría sido más que razonable. Pero esa posibilidad sacaba quicio a los convergentes. Por sus venas no corría sangre azul. 

Romeva no era de los suyos. Era un plebeyo al que los aristócratas habían permitido sentarse en la mesa para perpetuar una determinada hegemonía sin ahorrarse todo tipo de lindezas ante las tímidas voces que se atrevieron a insinuar esa posibilidad. Romeva podía ser utilizado como mascarón de proa. Pero jamás sería timonel. Antes habrían hundido el barco a hachazos.

Esa actitud recuerda al bíblico juicio de Salomón. Dos madres se discuten la maternidad de un niño. Como no hay manera, el judío y astuto Salomón propone partir al niño por la mitad. Una de las madres renuncia a ello y cede, mientras la otra se mantiene en sus trece. Juzguen ustedes quién es quién. O ellos reparten las cartas o se cargan la baraja, el barco y el niño.