12 ago 2020

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NÓMADAS Y VIAJANTES

El asesor de Boris Johnson, Dominic Cummings, este jueves.

NEIL HALL (EFE)

Estrategas y manipuladores

Ramón Lobo

Dominic Cummings es el tipo más odiado y temido del Reino Unido, además de uno de sus estrategas más brillantes. Si escribimos "manipulador" en lugar de "estratega" estaríamos más cerca de la definición precisa del personaje, y de una forma de entender la comunicación en la que la verdad, las reglas de juego y la decencia han dejado de tener importancia. Se parece a Steve Bannon, el hombre que ayudó a Donald Trump a ganar las elecciones del 2016, pero bastante más antipático. La prensa británica le caracteriza como un personaje despótico, irascible, tóxico, al que le gusta humillar a sus adversarios y colaboradores. Trabajar con él debe de ser un infierno. A pesar de esta presentación, Cummings es un tipo que sabe lo que quiere y lo transmite con claridad. Es un líder que genera dependencia.

Boris Johnson le considera imprescindible. Esta semana se ha negado a destituirle como asesor -en realidad es un jefe de gabinete con mando para despedir-. Pese al clamor que le exige su salida, el primer ministro resiste la presión de los medios, de la calle y de una parte de su partido. Siente que su destino está unido al de Cummings porque es el único que tiene un plan pos-'brexit' en la cabeza. Los demás se limitan a saltar el obstáculo del día. Años de ofensas a periodistas, políticos y parlamentarios conservadores (el exprimer ministro Cameron dijo que era un psicópata al esprint) están detrás del clamor que demanda su salida de Downing Street.

¿Cuál es su delito? Sentirse por encima de las leyes, las reglas y las convenciones, y no dudar en demostrarlo. A finales de marzo viajó en su coche a la granja familiar en Durham, 450 kilómetros al norte de Londres, junto a su mujer con síntomas de covid-19 y su hijo de cuatro años. Era un desplazamiento prohibido por el confinamiento decretado por el Gobierno para el que trabaja, y más para una persona enferma obligada a guardar cuarentena. La coartada de proteger a su familiar se tambaleó cuando la prensa mencionó testigos que le habían visto de paseo en una localidad turística próxima.

Ideólogo de la campaña del 'brexit'

Cummings fue el ideólogo de la campaña del referéndum de junio del 2016 para la salida del Reino Unido de la UE. Su lema Take back control (Recuperemos el control) era simple, directo, genial; estaba dirigido a la diana emocional del nacionalismo inglés, su gran objetivo porque daba por perdida a Escocia. Lo regó de mentiras sobre "el Bruselas nos roba" que calaron en un país repleto de miedos a los efectos de la crisis del 2008, a la globalización y al cambio tecnológico.

De los políticos pro-'brexit' disponibles, Cummings escogió a Johnson porque el xenófobo Nigel Farage le parece un payaso. Ganaron el referéndum, le hicieron la vida imposible a la primera  ministra conservadora Theresa May, una proeuropea que trataba de pactar un 'brexit' suave, y arrasaron en las elecciones generales de diciembre del 2019. Otra vez un lema extraordinario hizo parte del trabajo: Get Brexit done, que en una traducción libre significa "hagamos el 'brexit' de una vez". Funcionó en un país harto de estar en el medio del puente. Johnson es un tipo brillante, rápido, con formación clásica (sabe griego antiguo) y simpático, pero carece de una mente estratégica.

Eugenesia capitalista

Sostenerlo como asesor la ha costado al primer ministro 20 puntos de popularidad. No hay peligro inmediato porque cuenta con 365 diputados, muy por encima de los 326 que marcan la mayoría absoluta. Los laboristas están en reconstrucción y no representan una amenaza a corto plazo. Su problema son los cerca de 40.000 muertos por el covid-19 y las numerosas preguntas sobre sus errores durante las primeras semanas. Johnson apostó por la inmunidad de grupo, una idea peligrosa que nace de la eugenesia, una teoría de moda a comienzos del siglo XX que se basaba en un darwinismo de laboratorio para mejorar la raza. Tras el nazismo cayó en desuso.

Una variedad de eugenesia capitalista regresó con la pandemia: primar la economía a costa de sacrificar a la población de más edad, considerada no productiva. Los medios de comunicación británicos situaron a Cummings en el centro de esa idea, descartada por Johnson cuando el Imperial College estimó que provocaría medio millón de muertos. Para la oposición, el viaje a Durham es un regalo inesperado. Empieza la gran batalla que dominará el escenario político y ético del mundo pos-'brexit' y pospandémico. Como allá tienen flema, maneras y sarcasmo, todo se hace sin prisas. No como en España donde prima la desmesura y la fanfarria.