04 ago 2020

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Tres plagas

Turistas en la antigua Acropolis, en Atenas.

AP / DANIEL OCHOA DE OLZA

El 'efecto mariposa'

Rafael Jorba

El hecho diferencial de la actual pandemia es la globalización, tanto del trabajo como del ocio

No hay que recurrir a la novela, como es ahora el caso de 'La peste' de Camus, para evocar las pandemias que cíclicamente han asolado a la humanidad. Uno de los primeros relatos históricos pormenorizados se lo debemos a Tucídides. En el libro II de su Historia de la Guerra del Peloponeso describe la plaga de Atenas que devastó la ciudad-estado en el año 430 a. C.

La epidemia llegó por mar: “Comenzó en tierras de Etiopía, que están en lo alto de Egipto, y después descendió a Egipto y a Libia; se extendió por la tierras del rey de Persia y, de allí entró en Atenas, y comenzó en El Pireo (…) Poco después invadió la ciudad alta y se esparció por todas partes”. “Hablo como quien lo sabe, pues yo mismo fui atacado por este mal”, explica el padre de la historiografía científica.

Desde entonces las epidemias han sido cíclicas -del bacilo de la peste al virus de la gripe española-, pero la diferencia con el covid-19 es la velocidad de propagación. Una plaga medieval tardó veinte años en viajar de Asia al puerto de Marsella y la gripe española un año en llegar a todo el planeta. El coronavirus se ha propagado como un rayo: apareció en diciembre en China y el 8 de marzo se habían registrado casos en un centenar de países.

Los virus son sedentarios, sin otro medio de locomoción que el cuerpo a cuerpo. El hecho diferencial de la actual pandemia es la globalización, tanto del trabajo como del ocio. El llamado ‘efecto mariposa’, descrito por el matemático y meteorólogo Edward Lorenz, se había utilizado hasta ahora para explicar el cambio climático o los vaivenes de los mercados.

Ahora lo hemos visto también en el caso del covid-19: un acontecimiento local se difunde por el conjunto del planeta como el leve movimiento de las alas de una mariposa. Más allá del factor diferencial de la velocidad de propagación y del carácter global de la actual epidemia, su impacto se asemeja a la devastación descrita por Tucídides en la plaga de Atenas en, al menos, tres factores.

Primero, la incidencia en los sanitarios: “La dolencia era tan contagiosa que atacaba a los médicos”. Segundo, la aparición de formas paulatinas de anomia, es decir, de degradación de las normas de conducta: “Los que habían escapado del mal (…) presumían escapar después de todas las otras enfermedades que viniesen”. Y tercero, el impacto político: “Los atenienses comenzaron a cambiar de opinión y a maldecir a Pericles, diciendo que era la causa de todos los males”.