26 oct 2020

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Mantener las medidas de protección

Fachada del Hospital Arnau de Vilanova de Lleida, donde han sido ingresados este martes los dos trabajadores intoxicados en el incendio de la nave industrial de Almacelles (Lleida).

Ramon Gabriel

La segunda ola

Jordi Casabona

El virus continuará circulando y se producirán brotes que si no se aíslan a tiempo pueden acabar desencadenando una segunda oleada de casos

Los epidemiólogos somos profesionales poco conocidos, por eso a mi hija siempre le ha costado explicar a sus amigos a qué se dedica su padre. Además, la disciplina tiene poco reconocimiento social; cuando yo estudiaba en EEUU circulaba el dicho "no le digas a mi madre que soy epidemiólogo, pues cree que soy pianista en una casa de citas" y los colegas de una institución de nuestro ámbito me confesaron que cuando debían hacer una rueda de prensa se ponían bata blanca para que los periodistas les hicieran más caso. Con la pandemia del virus SARS-CoV-2 todo ha cambiado, los amigos llaman a mi hija para saber qué pienso de la situación actual, los medios de comunicación tienen más interés que nunca en contactar con epidemiólogos y repentinamente el número de expertos en la materia ha aumentado ostensiblemente. Curiosamente, conceptos que durante años he intentado transmitir a los estudiantes de Medicina ahora salen cada día en los medios de comunicación; términos como la curva epidémica, el Número Reproductivo Básico (Ro) o la tasa de letalidad son habituales en las conversaciones familiares, han pasado a engrosar el vocabulario popular y a quien no los conoce se le considera una persona con poca cultura general. Bromas aparte, comparto unas consideraciones.

Hay que decir que el conocimiento que hemos generado sobre esta infección en cinco meses es impresionante. En comparación con el sida, del que los primeros casos se describieron en 1981, el agente causal se identificó en 1983 y las primeras pruebas diagnósticas se desarrollaron en 1985, en el caso del SARS-CoV-2 en pocas semanas se había identificado y secuenciado el agente causal y desarrollado pruebas diagnósticas rápidas. Pero ni hay tratamiento específico efectivo ni -y todo apunta a que será difícil a corto plazo- una vacuna preventiva. En este contexto, disminuir el impacto de la epidemia pasa por prevenir nuevos contagios y mejorar la gestión de la enfermedad. Empezamos a entender mejor cómo funciona y los sistemas sanitarios están mucho más preparados. Ahora bien, para evitar contagios solo nos quedan las medidas básicas de salud pública: evitar la exposición al virus e identificar y aislar los infectados lo antes posible. Exactamente lo mismo que intentaban hacer en la Edad Media con las epidemias de peste y cólera. Muchos también rogaban: 'A peste, fame et bello liberanos Maria'; ahora, nos enviamos 'memes'.

La propagación de una epidemia depende del número de individuos susceptibles y de la tasa de ataque del agente (el famoso Ro), que a su vez depende del número de contactos, de la probabilidad de transmisión en cada uno de ellos y de la duración del período de infectividad de los casos. El número de susceptibles se reduce mediante la inmunidad de grupo y programas de vacunación. Según una encuesta realizada por el Ministerio de Sanidad globalmente, en Catalunya el porcentaje de personas con anticuerpos (expuestas al virus) sería de un 5,9%, muy por debajo del 65% a partir del cual se estima que la inmunidad de grupo puede comienza a tener impacto poblacional; además, un estudio realizado por el grupo de IRSI-Caixa confirma que en el 44% de casos que han pasado la infección de forma asintomática o leve, los anticuerpos generados no tienen capacidad de protección. Por tanto, el número de personas susceptibles sigue siendo muy alto y como el virus continuará circulando se producirán brotes que si no se aíslan a tiempo pueden acabar desencadenando una segunda oleada de casos. A falta de un posicionamiento oficial, como es habitual, asistiremos a un baile de cifras y declaraciones de expertos -unas más responsables que otras-, pero lo cierto es que hoy por hoy la segunda oleada es difícil de prever en tiempos y mangnitud y por tanto, mientras sea plausible, la obligación de salud pública es evitar que llegue.

Ya estamos en el proceso de desconfinamiento progresivo y la probabilidad de exposición al virus aumentará. Aparte de las medidas de salud pública para identificar infectados, así como la capacidad de los servicios asistenciales, la respuesta incluye medidas personales como mantener la distancia social, utilizar correctamente las mascarillas, aplicar sistemáticamente el lavado de manos y notificar rápidamente síntomas potencialmente asociados, que dependen exclusivamente de la sensibilidad de cada uno para con su salud y la de sus conciudadanos.

En EEUU (y en Madrid) estos días hay gente que, en nombre de la libertad individual, se manifiesta en contra de medidas básicas de prevención como el confinamiento y el uso de la mascarilla, constatando como una vez más en la historia de la humanidad cómo la ideología puede modular la conducta de las personas en contra de la evidencia científica y del bien común, incluso en detrimento de su propia salud. Creérselo y hacerlo. La posible segunda ola también depende de cada uno de nosotros.

Médico epidemiólogo. Campus Can Ruti.