25 oct 2020

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IDEAS

Una imagen del escritor de ciencia ficción y terror norteamericano Richard Matheson

GETTY IMAGES

Un monólogo al día

Mónica Vázquez

Una cosa que he automatizado en esta cuarentena ha sido el hábito de quererme y perdonarme a mí misma

Cuando comenzó la cuarentena no pensé en nada más que en sobrevivir. No pensé en adornar mi vida con comodidades y pequeños gestos de cariño o atención, ni en avituallarme de proyectos e inspiración. No pensé en las pequeñas cosas que hacen de nuestra vida algo realmente nuestro.

Me pudo la practicidad, y un pánico templado, pausado, austero, tomó las riendas y me empujó a enfrentar la realidad con una calmada radicalidad. Me  encerré en casa en “modo superviviencia”, esperando a que todo pasara. 

Llevamos, más o menos, 72 días echando de menos el mundo que fue, viviendo y creando una realidad distinta. Un hábito tarda en adquirirse alrededor de 21 días, pero es a partir del día número 66 cuando entra en juego el automatismo, cuando hacemos cosas sin darnos cuenta, cuando ese hábito pasa de ser algo que hacemos a ser algo que somos.

Nos contaminamos de nuestra cotidianidad y, de repente, eres esa persona que come y cena lo mismo todos los días, en pijama, directamente de la olla. Esa “nueva realidad” no está ahí fuera esperándonos, si no que está en nosotros: la hemos ido tejiendo día a día sin mirar, trabajando a medias, comiendo sin sentir, durmiendo mal.

Hoy me doy cuenta de que podía haberme gestionado el fin del mundo mucho mejor. Podía haber utilizado este tiempo para 'digievolucionar', creando hábitos saludables que me acompañasen toda la vida. Podía haber sido productiva hasta la 'instagramabilidad', pero me conformo con seguir aquí, viendo un monólogo de humor al día y leyendo literatura fantástica sin parar.

Hoy toca el especial de Netflix de Taylor Tomlinson, y empezar 'La casa infernal', de Richard Matheson. Porque mientras aprendía que siempre se puede hacer más, me di cuenta de que la vida es corta, imprevisible y muchas veces hostil.

Y puede que mi yo post-apocalíptico se acerque más a Jabba el Hutt que a Han Solo, pero una cosa sí que he automatizado en esta cuarentena y ha sido el hábito de quererme y perdonarme a mí misma, chistes malos incluidos. Y estando en cuarentena sola, en un pequeño estudio a miles de kilómetros de mi tierra y mi familia, yo diría que ni tan mal.