07 ago 2020

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Las consecuencias del endeudamiento

Covid-19 y la nueva, nueva normalidad

LEONARD BEARD

Covid-19 y la nueva, nueva normalidad

Josep Oliver Alonso

En el futuro se otean amenazas a la estabilidad del euro, al tiempo que se perfilan conflictos sociales a poco que la austeridad regrese, que regresará

Llevamos un tiempo interrogándonos sobre lo que nos aguarda tras el covid-19. El consenso sugiere un 'new normal', una 'nueva normalidad', que nadie sabe cómo definir todavía. Parece el signo de los tiempos de crisis, porque este concepto fue acuñado en otra, allá por los inicios de la financiera, por Mohamed-El Erian. En su opinión, en aquel mundo post-Lehman Brothers que emergía del colapso financiero se acumulaban riesgos desconocidos hasta entonces, tipos de interés anormalmente bajos y reducido crecimiento. ¿Les suena la música?

Justamente fue para hacer frente a esta situación por lo que las políticas fiscales y, en particular, las monetarias, actuaron con una intensidad insólita. Con ello, se evitó el colapso de la economía, tanto de la mundial como de la europea, pero no fue una solución sin problemas. Generó desequilibrios monetarios y fiscales que todavía estaban muy presentes justo antes de la irrupción de la pandemia. Por lo que se refiere a la intervención de la banca central, situar los tipos de interés cercanos, o inferiores, a cero, las ha convertido en las principales acreedoras de sus gobiernos, acumulando enormes cantidades de deuda pública en sus balances. En los EEUU, más de 4 billones de dólares en manos de la Fed hoy, frente al escaso billón de 2007, una espectacular expansión, similar a las del balance del Banco de Inglaterra o del propio BCE. En las haciendas públicas, los efectos de la crisis financiera eran, si cabe, más evidentes todavía: la deuda pública española había alcanzado en 2019 el 95% del PIB, un más que muy notable aumento desde el reducido 46% de media 2006-10; y algo parecido les había sucedido a países tan relevantes como Italia (del 110% al 135%) o Francia (del 73% al 98%). Sólo en los centrales de la eurozona se había contenido su avance: en Alemania, había caído del 70% al 60%, mientras en Holanda se mantenía en un modesto 50% de su PIB.

En síntesis, y aunque llevábamos ya unos años de intenso crecimiento (en España, entre 2014 y 2019, un avance del PIB cercano al 3% y en torno del 2,5% en empleo), los instrumentos de lucha contra potenciales recesiones continuaban gripados: para combatir la crisis financiera se habían sembrado semillas de futuros problemas a poco que la situación se deteriorara.

Y en estas llegó el covid-19. Y, con él, una crisis económica de proporciones insólitas. Para que tengan un orden de magnitud de lo sucedido, y de lo que nos puede aguardar, solo entre el 12 de marzo y el 30 de abril, la afiliación a la Seguridad Social en España ha perdido cerca de un millón de cotizantes, una caída de un insólito 4,9%, similar a la experimentada en los nueve meses posteriores a Lehman Brothers (de septiembre de 2008 a junio de 2009).

Por ello no sorprende la rapidez y la amplitud de la respuesta. En el ámbito fiscal, el gobierno ha articulado los erte y el cese de actividad para autónomos, lo que ha permitido salvar entre cuatro y cinco millones de empleos. Añadan los avales gubernamentales por valor de 100.000 millones para créditos bancarios a las empresas, y, en particular, un inevitable déficit público que alcanzará registros insólitos jamás contemplados (entre el 10% y el 15% del PIB solo en 2020). En el monetario, el BCE ha puesto sobre la mesa 750.000 millones de euros para la compra de deuda pública, y ha rebajado los requerimientos que demanda a los bancos del área para otorgarles crédito.

En suma, más deuda pública y más intervención del BCE. Con ello, a los desequilibrios heredados se añaden los que emergen por el covid-19. Nos aguarda, pues, una nueva, nueva normalidad, que dibuja un futuro distópico que da vértigo. Así, la Comisión estima que España situará en 2020 y 2021 su endeudamiento en el 115% del PIB, y ello en hipótesis relativamente favorables (fuerte caída del PIB en 2020 y recuperación intensa en 2021). Por su parte, en el ámbito del BCE, retengan que, a finales de año, acumulará en su balance cerca del 45/50% del PIB de la eurozona, cuando en 2007 esa cifra apenas llegaba al 4%. Para nosotros, ello se traducirá en que unos 450.000 millones de la deuda estarán fuera de circulación, aparcada en el BCE.

Elevado endeudamiento público en España y en el sur del área del euro, y acumulación de activos en el BCE definen un horizonte más que incierto. En el que se otean amenazas a la estabilidad del euro, al tiempo que se perfilan conflictos sociales a poco que la austeridad regrese, que regresará. En esta tan difícil tesitura, solo un país dispuesto a navegar unido puede afrontar adecuadamente desafíos tan formidables. Pero, ¡ay!, somos lo que somos. Incapaces de cerrar filas y ponernos de acuerdo para abordar la crisis financiera, hoy no parece que hayamos cambiado mucho si hay que guiarse por lo visto estas últimas semanas en Madrid o Barcelona. Y ello, a pesar de una encomiable disciplina social, que recuerda lo que dejo escrito el poeta: Dios, que buen vasallo si hubiera buen señor.