21 oct 2020

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Editorial

Sin fronteras metropolitanas

Era inviable intentar mantener separada a la ciudad de Barcelona y el resto de un entorno metropolitano totalmente interconectado

Sin fronteras metropolitanas

JOAN CORTADELLAS

La Generalitat de Catalunya hizo una cuestión de principios rechazar la división  provincial como marco de referencia para definir territorialmente los distintos ritmos de la desescalada en el confinamiento. Era necesario delimitar los ámbitos en los que la transmisión del virus se frenaba con mayor o menor rapidez y se iba disponiendo del operativo para detectar y atajar los focos de infección que rompieran localmente la clara tendencia a la baja de la transmisión de la enfermedad.

Hubo mucho de sobreactuación para mantener la dinámica de agravio en el rechazo de una circunscripción que tenía sentido como marco general en el conjunto del Estado siempre que estuviese abierta a la adaptación, como así fue, a las distintas situaciones territoriales. Pero al margen del discurso político, la adopción de la región sanitaria como referente en el caso de Catalunya tenía también la virtud de permitir una flexibilidad y adaptación a las realidades distintas y cambiantes de los distintos territorios. Eso, por ejemplo, permitió a las comarcas del Pirineo adelantar su desconfinamiento sin tener que esperar a que el conjunto de la provincia de Lleida estuviese en condiciones de hacerlo. O que la Catalunya central fuese un paso más adelante sin tener que esperar a que lo hiciese la conurbación metropolitana de Barcelona, que por su volumen de población, densidad, interconexión e incidencia de la enfermedad requería de precauciones adicionales. Esa flexibilidad se supo mantener también al considerar que las áreas de salud de dos comarcas, el Garraf y el Baix Penedès, también podía tener una consideración diferenciada .

Esa ductilidad, en cambio, no se ha apreciado a la hora de abordar una de las consecuencias secundarias de la opción por  la región sanitaria, con la resistencia del Departament de Salut, hasta ayer mismo, a borrar las fronteras dibujadas entre  las regiones metropolitanas sur, norte y la ciudad de Barcelona, que impiden trasladarse sin causa justificada entre ellas y convierten a Barcelona en la única capital española confinada respecto a su entorno inmediato. Tres zonas administradas como regiones sanitarias de forma separada por muchos motivos administrativos (el gran volumen de población a atender, las características especiales de la red de atención sanitaria en la ciudad de Barcelona, con un consorcio que agrupa centros de la Generalitat y municipales) pero que no obedecen a ninguna separación física que sea real ni que tenga utilidad para abordar territorialmente la epidemia del coronavirus.

Al contrario, como han tenido que recordar una treintena de alcaldes metropolitanos, se trata de un área esencialmente interconectada, y aún más en cuanto regrese progresivamente a la actividad, con desplazamientos necesariamente intermunicipales entre lugares de residencia y trabajo, entre comercios y centros logísticos... Hasta el extremo, como ejemplo paradigmático, de que incluso una línea de metro, la 1, o las rondas, cruzan las tres regiones sanitarias en cuestión. Solo una evolución negativa justificaría que el Gobierno no acepte la petición de Salut, que a la postre ha llegado, de tratar el área metropolitana como una unidad. Y solo una actitud irresponsable de los ciudadanos ante el levantamiento de las medidas más restrictivas explicaría un paso atrás. 

Justo ayer, el Ministerio de Sanidad difundió una versión actualizada de los datos de contagios y fallecidos, depurada de los casos que se notificaban con retraso, que ofrecía un panorama aún más positivo que el de los últimos días. Pero al mismo tiempo, la Generalitat proponía retrasar el progreso de Lleida a la fase 2 por un repunte de la transmisión del virus. Es un recordatorio del precio que se puede pagar si instituciones y ciudadanos relajan las precauciones necesarias mientras se levantan las restricciones a la movilidad, la actividad económica y las relaciones sociales.