04 jul 2020

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Un organismo cuestionado

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, el pasado viernes en Ginebra.

AP / OMS / CHRISTOPHER BLACK

Una Organización Mundial de la Salud es necesaria

Pere Puigdomènech

Es posible que haya que hacer algunas reformas en el funcionamiento de la OMS, incluyendo cómo los Estados se relacionan con ella, pero la solución no es acabar con ella

En medio de una emergencia sanitaria de alcance global sería sorprendente que alguien se plantee el cierre de la organización más global que existe en temas de salud, pero es justamente lo que está pasando. Quizá puede haber razones para revisar el funcionamiento de la Organización Mundial de la Salud (OMS) pero en estos momentos dificultar su funcionamiento es como mínimo inoportuno. Cada vez más nuestra salud como individuos y como población depende de factores que se presentan a nivel planetario. La actual situación con el covid-19 es la mejor demostración.

Como tantos otros acontecimientos importantes, la OMS nació en 1948 en la ola de cooperación internacional que se produjo pasada la segunda guerra mundial. Es el periodo en que se crean la Unesco, la FAO y otras agencias internacionales que tienen una función de coordinación entre los Estados del mundo y de ayudar a los países que en ese momento se iban independizando a poner en marcha sus propias estructuras. Su objetivo ha sido el de incrementar los niveles de salud en todo el mundo y ayudar a los países en situaciones de emergencia. Son unos 7.000 profesionales, una cifra inferior a la de muchos hospitales de referencia en el mundo. Sus programas tienen un presupuesto total de 4.800 millones de dólares que provienen de contribuciones de los Estados miembros y de donaciones filantrópicas.

Las organizaciones internacionales como la OMS han sido acusadas de utilizar sus recursos de forma poco eficiente y estar llevadas por unos funcionarios de sueldos elevados. Podría ser que en alguna etapa la falta de control y quizá la influencia de la burocracia de los países del área soviética los llevara a caer en los vicios de una cierta 'nomenklatura', pero ya hace tiempo que les ha llegado el mensaje de que han responder por los fondos que administran. Ahora se les acusa de no haber tenido una buena respuesta a la emergencia del covid-19. Es muy probable que la falta de transparencia de la gestión de las autoridades chinas haya dejado espacio a sospechas sobre el origen y las primeras reacciones sobre la nueva enfermedad. Para la OMS es difícil reaccionar en casos como estos porque para su acción depende de los datos y las políticas de los estados que la componen y que son muy celosos de su soberanía. Que haya sido anunciada una investigación independiente sobre el origen del covid-19 y sobre cómo la OMS ha reaccionado y ha tratado el tema es una buena noticia. De una emergencia como la actual sin precedentes tenemos mucho que aprender.

Sería importante saber si se ocultó información en el punto de partida o si la OMS reaccionó con poca contundencia para no enojar a China

El mismo caso de la crisis actual nos demuestra la necesidad de actuar de forma global. Comenzó en un país que tiene sus propias reglas de higiene y que reacciona según su propio sistema sanitario y político. Los primeros datos parecían indicar que sería una epidemia controlable y algunos países y la OMS actuaron quizá tarde y débilmente. Este punto es uno de los que hay que clarificar. Sería importante saber si se ocultó información en el punto de partida o si la OMS reaccionó con poca contundencia para no enojar al gran país que es China. Si es así sería necesario que los Estados que la forman revisen la forma en que respetan la calidad y la independencia de una organización como la OMS y no hagan de ella un campo más de sus disputas.

Mientras tanto no hay alternativa a una organización como la OMS en un mundo en el que es posible viajar de una parte a otra del mundo antes de que se detecten los síntomas de una enfermedad. Parece que el Sars-Cov2 ya circulaba por Europa a finales del año pasado y nadie lo había detectado. Vivimos también en un mundo en el que transportamos alimentos, animales y plantas que pueden transmitir ellos mismos algún patógeno. Y ya hemos visto que medicamentos o material sanitario pueden estar producidos a miles de kilómetros de donde se necesitan dificultando su acceso. Por lo tanto necesitamos disponer de un sistema global de alerta y de recogida de datos de salud y de propuestas. Y también necesitamos de algún tipo de organización mundial si pensamos que tenemos que trabajar para que cualquier habitante del planeta pueda tener unos niveles básicos de salud. Es posible que haya que hacer algunas reformas en el funcionamiento de la OMS, incluyendo cómo los Estados se relacionan con ella. Lo que parece muy probable es que la solución no es acabar con ella. Por muy potente que sea un estado no hay ninguno, ni los Estados Unidos de América, que pueda vivir aislado de los demás. Los efectos de esta política lo estamos viendo justamente ahora en esta crisis sanitaria mundial.