01 dic 2020

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Al contrataque

Una terraza, en Málaga, este miércoles.

Alex Zea / Europa Press

La reconquista

Carles Francino

Una de las lecciones que puede dejarnos esta pandemia tal vez sea revalorizar la lista de modestos hechos cotidianos. Tumbarse al sol en la playa, tomarse una cerveza con los colegas, montar una cena familiar...

Mi enciclopedia particular de frases memorables incluye una de Benjamin Franklin, que dice: “La felicidad no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”. Cada vez me agarro más a esta filosofía para contrarrestar el nauseabundo aquelarre político, en el que la derecha más ultramontana se ha erigido en hechicera mayor, compitiendo con un Gobierno abocado al chalaneo de la supervivencia sin ningún pudor. Y con la inestimable aportación de las batallitas 'indepes', que amenazan con enturbiar aún más el verano, el otoño y lo que se ponga por delante. Así que, como en ese paisaje yermo de casi todo no aparecen grandes alicientes para ilusionarse, propongo como antídoto la reconquista de esas pequeñas cosas a las que se refiere el inventor del pararrayos.

Una de las lecciones -para quien quiera aprenderlas- que puede dejarnos esta pandemia tal vez sea revalorizar la lista de modestos hechos cotidianos que hoy adquieren categoría de gran acontecimiento. Tumbarse al sol en la playa, tomarse una cerveza con los colegas, montar una cena familiar, invadir los museos, los teatros, los cines; coger el coche -o la moto- y conducir por el simple placer de hacerlo, abrazarnos cómo y con quién nos apetezca… ¿cotizará igual cuando podamos hacerlo que antes de meternos en el túnel? Dejar pasar las horas sin más, tener algún día la agenda en blanco, disfrutar del silencio… ¿vamos a pelear por mantenerlo o volveremos a la rueda del hámster? Correr y correr para no llegar a ninguna parte. Cansados e iracundos.

Creo que disponemos de una oportunidad maravillosa para cambiar. Si tenemos salud, trabajo y gente a la que querer y que nos quiera, seríamos una de las generaciones más imbéciles de toda la historia si no lo aprovechamos. Pero tenemos que hacerlo nosotros, desde abajo, porque si esperamos que el cambio venga de los de arriba nos va a salir más barba que en dos vidas de confinamiento.