13 ago 2020

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Análisis

Instalación de paneles solares.

Soluciones conjuntas para la pandemia y el cambio climático

Jeroen van den Bergh

A través de los impuestos, podemos desarrollar estrategias integradas para afrontar la crisis del coronavirus y promover opciones bajas en carbono

Las políticas de sostenibilidad suelen ser consideradas como un lujo en tiempos de crisis, ya que las preocupaciones a corto plazo tienden a dominar. Por lo tanto, una pregunta importante es cómo podemos superar la crisis actual y simultáneamente avanzar por trayectorias de sostenibilidad. Para tal final, debemos identificar sinergias, es decir, interacciones positivas entre salir de la crisis de coronavirus y promover opciones bajas en carbono.

Algunos comentaristas sugieren que los programas de recuperación económica deberían aceptar la desaparición de industrias no sostenibles, o incluso acelerarla. Sin embargo, esto es arriesgado, ya que no podemos construir alternativas sostenibles de la noche a la mañana. Otros van más allá y afirman que las crisis son buenas para la sostenibilidad ya que la actividad general disminuye. Pero dado que las actividades tanto altas como bajas en carbono se desploman, una crisis es una forma ineficaz y socialmente costosa para lograr la reducción de emisiones. En lugar de una reducción de escala general de la economía, necesitamos una reducción de escala selectiva, provocada por fuertes políticas climáticas. Como consecuencia, estos causarán cambios no drásticos pero acumulativos a lo largo del tiempo, asegurando un daño económico mínimo, también porque crean incentivos consistentes para la reducción de emisiones en toda la economía, seleccionando las más baratas soluciones.

Reducir las emisiones de carbono

Un conjunto importante de instrumentos sinérgicos se encuentra en el área de impuestos. Está claro que en este momento de crisis debido a covid-19 necesitamos nuevas fuentes de ingresos públicos que causen distorsiones mínimas del mercado o incluso eliminen los fallos existentes en el mismo. A diferencia de otros instrumentos de política, los impuestos tienen la ventaja de aumentar simultáneamente los ingresos y disuadir efectivamente los comportamientos y actividades que contribuyen mucho a las emisiones de carbono. Además, a diferencia de la regulación directa –mediante estándares técnicos o la prohibición de acciones específicas– los impuestos evitan imponer restricciones arbitrarias y demasiado costosas a la libertad de empresas y hogares.

Cuatro ejemplos de impuestos sinérgicos son los siguientes:

Primero, un impuesto al valor del suelo, para captar ingresos adicionales una vez se haya salido de la crisis y los precios de la vivienda comiencen a aumentar. Dicho impuesto estabilizaría los precios de la vivienda a niveles razonables en las zonas urbanas y podría contribuir a un uso multifuncional y más eficiente ambientalmente del espacio escaso.

En segundo lugar, impuestos de tránsito aéreo, incluido IVA sobre los billetes, un impuesto sobre el queroseno, y eliminación de zonas libres de impuestos en los aeropuertos.

En tercer lugar, un ‘impuesto de crisis’ temporal a las grandes fortunas, no solo como una estrategia redistributiva, sino también como un estímulo keynesiano dado que traduce el ahorro de las rentas altas en consumo de las rentas bajas. Su carácter temporal contribuiría a su viabilidad política.

Por último, no debe faltar una reforma fiscal ambiental, es decir, un impuesto al carbono junto con una reducción de los impuestos laborales, principalmente para bajos ingresos. Un impuesto al carbono puede financiar medidas de emergencia para escapar de la crisis actual, con una distorsión económica mínima en vista de los precios históricamente bajos de los combustibles fósiles. Como beneficio adicional, estabilizará los precios de dichos combustibles en el futuro, generando beneficios tanto económicos como climáticos. El impuesto al carbono aseguraría que la recuperación económica provenga de una trayectoria baja en carbono. Reducir además impuestos laborales beneficiaría al empleo.

Para evitar que la fatiga emocional provocada por covid-19 obstaculice las soluciones climáticas, tenemos que desarrollar estrategias integradas para afrontar las dos crisis a la vez. Posponer significará que las actividades con alto contenido de carbono tienen toda la libertad para recuperarse incondicionalmente. Las medidas fiscales propuestas proporcionan una forma realista para una salida baja en carbono de la crisis de covid-19. Esto es especialmente relevante para España dado que, a diferencia de muchos otros países europeos, carece de un impuesto al carbono y se verá desproporcionadamente afectado económicamente por la crisis de covid-19.