28 may 2020

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Dos miradas

Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, durante un acto de homenaje a los ’héroes del coronavirus’ celebrado en la Puerta del Sol el 2 de mayo.

EUROPA PRESS / JOAQUÍN CORCHERO

Ayuso y Trump

Emma Riverola

Luchamos contra un virus. Nuestra protección requiere restricciones, no propaganda

Cada presidente de EEUU deja una huella en nuestras vidas. En el 2003, Bush se inventó unas armas de destrucción masiva. Cientos de miles de personas murieron en la guerra de Irak, el terrorismo internacional se fortaleció y los frágiles equilibrios geopolíticos saltaron por los aires. Obama no logró desembarazarse del legado de su antecesor. Eso sí, nos dejó grandes lecciones de márketing. Hemos comido ‘relato político’ hasta en la sopa. Ahora tenemos, sí, tenemos, a Trump. El hombre que se automedica en plena pandemia y sugiere inyectar lejía a los enfermos.

Roger Ailes, fundador de Fox News e impulsor de Trump, afirmaba que la gente no quiere informarse, sino que quiere “sentirse informada”. El populismo conservador que se extiende por el mundo ha tomado prestado ese espíritu y lo ha traducido en un 'la gente quiere sentirse protegida’. Sentirse. Ahí está el apoyo al 'brexit', ahí está el voto 'antiestablishment' a Trump. Las maniobras de Díaz Ayuso pueden dejar perpleja a la razón, pero sabe a lo que juega. El problema es que luchamos contra un virus. Nuestra protección requiere restricciones, no propaganda.