30 may 2020

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Al contrataque

Concentración de protesta contra el Gobierno y el estado de alarma, en el barrio de Salamanca de Madrid, el 14 de mayo.

EUROPA PRESS / JESÚS HELLÍN

Conmigo o contra mí

Cristina Pardo

Leer la realidad sin matices y sin abrirse a la posibilidad de que los otros a veces tienen razón es fácil y cómoda. Pero merece la pena aspirar a más

Si Madrid no pasa de fase, es porque Pedro Sánchez se mueve por razones políticas y nos quiere empobrecer a todos. Si hay personas que salen a la calle a protestar contra el Gobierno, no es importante porque son solo pijos y fachas. Si son los tuyos, bien. Si no, mal. Estos son solo dos ejemplos de hasta qué punto la desesperación por las consecuencias de la pandemia nos está llevando a simplificar nuestros planteamientos. Es el conmigo o contra mí de toda la vida, pero cada vez más agudo en nuestro país.

Si el PSOE plantea ampliar un mes el estado de alarma, España es Venezuela. Si la derecha se queja por la falta de diálogo, es una muestra inequívoca de deslealtad. Si Ángel Gabilondo plantea una oposición constructiva a Díaz Ayuso, cae sobre él la acusación de blandengue. Si un periodista le hace una entrevista dura a un miembro del Gobierno, está para irse a trabajar a 13 Televisión. Si, por el contrario, las preguntas complicadas se le formulan a algún dirigente de derechas, es porque buscas trabajo en La Sexta. Si a cualquier personaje público se le ocurre opinar sobre el coronavirus o sobre cualquier otra cuestión que también les afecta como ciudadanos, ya sea Rafael Nadal, Luis Figo, Pablo Motos o Iñaki Gabilondo, se forma un escándalo porque, por supuesto, no están legitimados para tener una impresión ni siquiera ligeramente distinta a la del receptor del mensaje. Faltaría más. Que se dediquen a lo suyo, que no es opinar, porque ese derecho no les asiste y pertenece única y exclusivamente a los demás.

Esta manera de leer la realidad, sin matices y sin abrirse a la posibilidad de que los otros tienen derechos e incluso a veces también tienen razón, es fácil y cómoda. Pero creo que a la larga, merece la pena aspirar a más. Nos hemos preguntado en estos últimos tiempos si de esta íbamos a salir mejores y más solidarios. Y no parece que vayamos en esa dirección. Ni nosotros ni quienes nos dirigen. Ellos saben que nos pueden confundir y que eso les beneficia. Recurren a mensajes de tuit, efectistas, pim, pam. No compremos siempre mercancía averiada.