22 sep 2020

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La clave

Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, durante un acto de homenaje a los ’héroes del coronavirus’ celebrado en la Puerta del Sol el 2 de mayo.

EUROPA PRESS / JOAQUÍN CORCHERO

Hay dos Madrid

Albert Sáez

La capital ve amenazado su modelo económico muy polarizado y está sorprendida porque, por una vez, el Estado no se pliega a sus designios

Machado acuñó el concepto de las dos Españas que se hizo más que evidente durante la guerra civil. Recurrimos a él y lo utilizamos para entender diversos enfrentamientos o tensiones: ricos contra pobres, fascistas contra rojos, católicos contra ateos, monárquicos contra republicanos. Machado habló más bien de dos mentalidades que serían el sustrato de todo lo demás. Estos días, a propósito de la desescalada, hemos vuelto al mito para explicar las tensiones entre las comunidades autónomas para ver quién sale antes del confinamiento. Pero, si lo miramos con detenimiento, no hay dos Españas sino más bien una comunidad de Madrid partida por la mitad. Por un lado, el Madrid del barrio de Salamanca que reivindica la libertad para salvar el negocio aunque sea a costa de la salud. Y por otro lado el Madrid de Aluche que, como explicó Carol Álvarez, pone al descubierto la putrefacción de la economía en negro que en esta emergencia no tiene derecho ni al subsidio. La brecha entre el 20% de la población con más ingresos y el 20% con menos es en Madrid la más grande de toda España. Ese debe ser, sin duda, el modelo de éxito de Madrid que, según la presidenta Isabel Díaz Ayuso, la desescalada está poniendo en peligro.

Hay una tendencia, hasta cierto punto comprensible, a identificar Madrid con España. Les pasa a los hombres y las mujeres del tiempo de casi todas las cadenas de televisión. Y también a identificar Madrid con una ciertas élites funcionariales y empresariales. Les pasa a los independentistas catalanes más combativos. Y así es como se confunde ahora el mito de las dos Españas con el Madrid polarizado de las manifestaciones y los comedores sociales. El drama es que algunos, los dos Pablos (Casado e Iglesias) quieren convertir ese eje en el principal de la política española. A Madrid, lo que le duele de verdad es que por una vez en la vida el Estado no se haya plegado a las demandas de la ciudad donde vive. Esta vez no pasó como con Caja Madrid cuando las entidades locales de ahorro pagaron por el roto de la capital. Arréglense en Madrid, pero no arrastren a todos con ustedes.  

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