25 oct 2020

Ir a contenido

LA CLAVE

Julio Anguita, en septiembre de 1989, un mes antes de su primer combate electoral como candidato de IU en las elecciones generales.

Efe / José Luis Pérez

Muerte de un comunista

Luis Mauri

Anguita ha muerto cuando sus descendientes políticos integran el primer gobierno de coalición de izquierdas desde el fin de la guerra, aliados con sus viejos antagonistas. Es la historia, la que escribe recto con renglones torcidos

Hambre, frío y sabañones. Una noche larga y lluviosa. Silencio. Miedo. El máuser humeante del guardia civil que acaba de abatir a tu camarada. La celda donde te pudrirás o el pelotón que te fusilará. Todo esto al dictador le importuna menos que el vuelo vespertino de un mosquito en el palacio de El Pardo. Franco está dejando de ser un paria mundial para ascender a vigía anticomunista de las potencias de Occidente en el sur de Europa. Eisenhower le dará la bendición en 1959.

Constatada la inutilidad de la guerrilla de los años 40, el PCE  imprime un giro copernicano en su estrategia. En junio de 1956, en vísperas del 20º aniversario del estallido de la guerra civil, pone en pie su política de reconciliación nacional. Asume el fin de la contienda, liquida la lucha armada y sale en busca de complicidades entre las clases medias, los católicos humanistas y los disidentes del régimen. Serán dos décadas de fecunda infiltración en los sindicatos del régimen y de penetración en las fábricas, las universidades, los barrios obreros y las élites ilustradas.

Los comunistas constituyeron la más activa fuerza de oposición al franquismo, de manera especial tras el alejamiento de la gerontocracia soviética a raíz del aplastamiento de la Primavera de Praga (1968). Es lógico que, a la muerte del dictador, el PCE depositara grandes esperanzas en las urnas relucientes. Pero el fracaso fue antológico: tropezó en 1977 y 1979, y se hundió en 1982 descuartizado por el PSOE de González, el joven ahijado de Brandt, Mitterrand y Palme. Años dorados de la socialdemocracia europea.

Renglones torcidos

Anguita, un magnético maestro y carismático alcalde comunista de Córdoba, llegó entonces con la misión de reanimar el viejo partido. Marxista pétreo, crítico implacable del PSOE, al que combatió con tenacidad insomne sin importarle formar pinza con la derecha, logró resucitar al PCE en tres rondas electorales (1989, 1993 y 1996), ya bajo la marca de IU, que obtuvo con él sus mejores resultados.  

Anguita acaba de morir, justo cuando sus descendientes políticos integran el primer gobierno de coalición de izquierdas desde el fin de la guerra, aliados con sus viejos antagonistas. Es la historia, la que escribe recto con renglones torcidos.