30 may 2020

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análisis

Un trabajador de un laboratorio trabaja para hallar una vacuna contra el coronavirus.

DPA / PETER STEFFEN

La batalla de la vacuna

Rafael Vilasanjuan

Presidentes de medio mundo piden a todos los gobiernos que el dinero que invierten en investigación resulte en una vacuna universal, que no dependa de un solo país y que esté libre de patentes e intereses comerciales.

El futuro de la humanidad ha empezado a cambiar, no como consecuencia de la inteligencia humana, sino de un virus. La lucha por el control nuclear ya no importa, ahora lo único que puede salvar al planeta es una vacuna y la carrera no va a ser limpia, no va a estar exenta de obstáculos, ni de intereses de poder ¡Adiós a las armas! Quien tenga la vacuna manda y por eso EEUU anuncia que quiere desarrollarla a la “velocidad de la luz”. Así se llama la operación para obtener un arma de protección masiva antes de que acabe el año.

El presidente Donald Trump necesita presentarse a las urnas en noviembre borrando toda sospecha de incompetencia y una vacuna sería la solución mágica. Ha recuperado la idea del 'Proyecto Manhattan', la operación mas ambiciosa y costosa de investigación y desarrollo que dio a EEUU las bombas nucleares que descargaron en Hiroshima y Nagasaki.  Fue el inicio del poder hegemónico como primera potencia mundial. El proyecto llegó a emplear a mas de 100.000 personas en centros de investigación, universidades, industria y hasta servicios de inteligencia. Miles de millones de dólares para lograr por primera vez en la historia una fusión de uranio que acabara en un arma definitiva. Ahora Trump anuncia, copiando aquella estrategia, que va a producir una vacuna que le devuelva la hegemonía global ¿Será posible?

Científico americano

Dudar de la capacidad científica de EEUU sería como poner en cuestión que la tierra gira alrededor del sol, dudar de su presidente en cambio es bastante más normal, porque a pesar de la bravura con la que asegura que va a tener el pinchazo mágico para fin de año, ningún científico americano confía en ese calendario vertiginoso, que parece diseñado solo para decir en vísperas electorales que todo está a punto.

Desgraciadamente no existe una solución rápida para tener una vacuna. Aunque en el mundo científico se habla de 12 a 18 meses, la verdad es que todo lo que podemos saber hoy sobre cuándo la tendremos es pura especulación. Si todo sale perfecto puede que una vacuna –no la más efectiva, ni la más segura- esté en ese horizonte de la próxima primavera. Pero luego hay que producirla y la industria mundial no tiene capacidad para elaborar millones de toneladas en un periodo de tiempo corto, ni para distribuirla a todos los países.

Intereses comerciales

La preocupación a nivel global es tan grande que presidentes y ministros de medio mundo han presentado a la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que tiene lugar esta semana, un manifiesto pidiendo a todos los gobiernos que el dinero que invierten en investigación resulte en una vacuna universal, que no dependa de un solo país y que esté libre de patentes e intereses comerciales. Piden también colaboración, para evitar que la competencia frene el desarrollo. Frente a la vacuna rápida, una vacuna para todos. Dos maneras opuestas de entender el mundo que viene, que muestran hasta qué punto la batalla por la vacuna se ha convertido en la principal estrategia de seguridad global.