30 may 2020

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ANÁLISIS

Guerreiro, del Dortmund, felicitado por su gol con un golpe de codo por Brandt.

Fútbol 'made in Germany'

Albert Guasch

La Bundesliga persigue al espectador global sin poder mostrar uno de sus puntales, el color de las gradas

Los jugadores del Dortmund ejecutaron la ceremonia que acostumbran tras el pitido final. Aún sudorosos y sonrientes por el triunfo, se acercaron a la grada del fondo del Signal Iduna Park y saludaron para certificar la inquebrantable comunión entre el aficionado y el equipo amarillo. Solo que esta vez el bello gesto tuvo mucho de trivialidad acercándose a la pantomima. Enfrente no había nadie a quien agradecer el inexistente aliento. 

Más caverna que estadio, sin los 80.000 ruidosos aficionados habituales, el Dortmund-Schalke tan esperado nos plantó ante ese fútbol post-apocalíptico y distópico al que deberemos acostumbrarnos. Al menos durante unos cuantos meses. Va a costar lo suyo. Sin público, el fútbol sabe a soso y es probable que desenganche a unos cuantos aficionados dispersos en estos tiempos de abundancia de oferta de ocio.

En cualquier caso, ha vuelto rápido la Bundesliga para llenar el gran vacío que, se supone, ha producido la ausencia de fútbol en miles de almas adictas. Un fútbol de celebraciones higiénicas, de mascarillas en las bandas y de respeto a las distancias allá donde sea posible, que obviamente no siempre lo es. También de consignas con eco y de insultos cazados limpiamente por los micrófonos de las bandas (Todibo parece que le dijo algo grueso a Haaland tras un codazo de este que dejó al francés viendo las estrellas). Quizá por eso, por ese griterío constante a ras de césped, costó durante un rato escaparse a la sensación de pachanga de entrenamiento.

Pese a las imágenes insólitas, los aficionados más irredentos se sentirán satisfechos. Al fin algo de actualidad que comentar. Qué futuro le depara a Haaland, por ejemplo. En Madrid van a llenar buenos ratos de ondas, aunque con todo el planeta futbolístico atento a la pantalla, es de esperar que la cotización del delantero noruego se habrá propulsado hasta muy arriba, si es que alguien la puede pagar. Notable su actuacion de ayer, golito incluido.

La eficacia alemana

Ya se ha dicho que el deporte mundial toma nota de lo que ocurre en Alemania para atreverse a reanudar competiciones. Qué mejor baremo que la eficacia alemana. El 'made in Germany' como señal luminosa de que cierta normalidad es posible. 

La Bundesliga se encuentra, por su parte, ante una oportunidad única de venderse por el mundo como una competición que vale la pena. No tiene competencia. Hace años que busca arrebatar terreno a la Premier y LaLiga. Pero sale al mercado del espectador global sin poder mostrar uno de sus puntales: la fidelidad social, el ruido y el color de sus gradas. 

Sin aficionados a los que saludar al acabar el encuentro, sin ese ritual, solo queda el juego en crudo y un montón de jugadores a los que descubrir. Y el botón de Netfix queda cerca.