23 sep 2020

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La evolución del covid-19

Un trabajador de un laboratorio trabaja para hallar una vacuna contra el coronavirus.

DPA / PETER STEFFEN

Algunos posibles futuros que nos esperan

Salvador Macip

La hipótesis más optimista de evolución del covid-19, que pasa por tener una vacuna a finales del 2020 o principios del 2021, es la más probable

El filósofo Slavoj Žižek ha publicado un libro exprés en el que reflexiona hacia dónde irá el mundo una vez superamos el covid-19. Da la impresión de que Žižek ve el virus como un agente revolucionario al que solo sobreviviremos si reestructuramos a fondo la sociedad capitalista. No es el único pensador que cree que el SARS-CoV-2 dejará una huella profunda en la manera de hacer las cosas y que nos encaminamos hacia un futuro radicalmente diferente al que habríamos tenido si esta pandemia no nos hubiera trastornado los planes. Me parece poco probable, si tenemos en cuenta cómo somos los humanos: seguramente acabaremos volviendo a los viejos hábitos. Pero estos ejercicios de futurología son poco útiles, porque es imposible hacer predicciones precisas a larga distancia cuando todavía nos quedan meses de crisis y hay tantos factores desconocidos. Lo que sí podemos hacer es centrarnos en los aspectos científicos y repasar algunos de los caminos posibles que puede seguir el virus a partir de ahora, basándonos en pandemias anteriores.

Empecemos por el menos optimista. Por los motivos que sean, no conseguimos fabricar bastante rápido una vacuna efectiva. Como no podemos continuar confinados para siempre, entramos en una 'nueva normalidad', más relajada, que nos lleva a oleadas sucesivas de contagios. En los próximos años, adquirimos finalmente una inmunidad de grupo suficientemente alta para frenar la pandemia: pongamos que un 50-60% de toda la población se ha infectado y tiene anticuerpos que los protegen, una cifra que tardaríamos lograr si pensamos que ahora estamos en torno al 5%. A partir de aquí, los brotes se hacen pequeños y controlables y, con el tiempo, el covid-19 deja de ser un peligro (y quizás entonces incluso tenemos la esperada vacuna). El problema es que, si calculamos que la mortalidad del virus es cercana al 1% de infectados, como indican los estudios recientes de seroprevalencia, la cifra global de víctimas superaría los 40 millones, similar a la de la gripe de 1918, que se considera la tercera peor pandemia de la historia. Y mejor no pensar qué pasaría si por el camino el SARS-CoV-2 mutara o intercambiara información genética con otro virus y se volviera más letal, algo poco probable, por suerte, pero no del todo imposible.

Pero hay más de cien candidatos a vacuna analizando en estos momentos, seamos positivos. Es muy posible que sí que encontremos uno lo suficientemente bueno para proteger al menos una parte de la población, aunque sea parcialmente. Podría ser que esta inmunidad incompleta, sumada a la que adquirían de manera natural los que superaran la infección, acabara convirtiendo el SARS-CoV-2 en un virus que ya no pudiera causar cuadros graves. Entonces podría haber reinfecciones que se presentaran de forma leve, semejantes al que provocan otros coronavirus. De hecho, hay una teoría que dice algo así pasó en el periodo 1889-90. Hubo una pandemia que mató a más de un millón de personas y que siempre se ha creído que era de gripe. Pero el culpable podría haber sido un nuevo coronavirus llamado OC43, contra el que no había resistencias. En ese momento, el OC-43 habría sido una especie de SARS-CoV-2, hasta que se generó suficiente inmunidad de grupo. Desde entonces, ha circulado a un ritmo más lento, hasta que ahora prácticamente todo el mundo tiene anticuerpos que lo bloquean (pero no completamente). Por eso es uno de los cuatro tipos de coronavirus que causan el resfriado común.

Acabamos con el mejor escenario, y quizás el más probable. Tenemos suerte y hacia finales de año o principios del siguiente podemos empezar a producir una vacuna. Hay que generar y distribuir miles de millones de dosis para cubrir gran parte de la población, pero como que ponemos todos los esfuerzos, conseguimos que llegue a la mayoría a lo largo del 2021. Como siempre, los más ricos acaparan las primeras dosis, y pueden librarse del virus antes del verano pero tienen que hacer vacaciones de proximidad, porque la cola de países que todavía tienen pandemia es larga. El covid-19 se va apagando progresivamente, aunque en algunos lugares cuesta más librarse de él por las dificultades económicas, sociales y logísticas de vacunar a todo el mundo. De vez en cuando seguimos viendo algunos casos graves, tal vez de manera estacional. Como ocurre con la gripe, causa medio millón de víctimas al año, pero ya ni nos damos cuenta.

Es difícil predecir cuál de estos caminos seguirá el covid-19. Quizás ninguno, tal vez una mezcla de más de uno. Todos son científicamente posibles. Intentemos evitar triunfalismos prematuros pero no caigamos tampoco en el pánico. La única receta ahora es cordura y prudencia, porque aún nos queda mucho por hacer.

*Médico e investigador de la Universidad de Leicester y de la UOC.

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