13 ago 2020

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Soluciones innovadoras

Comedor vacío en una escuela del centro de Barcelona. 

EUROPA PRESS

Comer: la respuesta es comunitaria

Gustavo Duch

Las cocinas cerradas de los colegios deberán alimentar comedores comunitarios o servicios sociales de entrega a domicilio

La guerra en Ruanda en 1994 provocó la llegada de casi un millón de personas a la pequeña ciudad fronteriza de Goma, en la República Democrática del Congo. Se construyeron campos de refugiados pero el hambre era difícil de contener. Desde Europa, sensibilizada con las imágenes que llegaban de la zona, se empezó a enviar alimentos en conserva o procesados, poco conocidos y poco apropiados para esas personas y esa situación. En Goma estaba mi compañero Carles Soler que con muy pocos medios entendió que debíamos trabajar de otra forma y pidió que esa solidaridad tomara forma de apoyo económico con el que pudo poner en marcha un sistema de compra de alimentos frescos a las poblaciones campesinas no afectadas por la guerra ni por los desplazamientos masivos. De una emergencia nació una iniciativa para corregir un déficit estructural, en este caso la pobreza en el medio rural congolés.

En la actual emergencia por el coronavirus esta visión de Carles, ¿está confinada? Más que nunca apreciamos ahora el papel del campo y del campesinado pero para muchos productores y productoras, como por ejemplo las ligadas a canales de abastecimiento de escuelas o restaurantes, la situación les está llevando a una posible quiebra. A su vez, para mucha población, el acceso a alimentos sanos y frescos es difícil en el día a día, como es el caso de las niñas y niños que reciben la beca comedor. Por eso, ahora qie los comedores escolares están cerrados -como lo están siempre en los meses de veranao- la Generalitat ha decidido sustituir los 6,20 euros de la beca diaria por una tarjeta monedero de 4 euros para comprar alimentos que están enriqueciendo al oligopolio de grandes supermercados corresponsables de nuestra dependencia alimentaria y de la crisis del sector agrario. Una solución que podría mejorarse.

Porque es factible (y así lo han estudiado en www.menjadorsecologics.cat) organizar con el presupuesto de las becas comedor un mecanismo que permita comprar alimentos frescos ecológicos en estas fincas afectadas por el cierre de los comedores escolares; hacerlos llegar vía la central de compras que une campo y escuelas (www.ecocentral.cat) a alguna de las cocinas  cocinas de colectividades ahora clausuradas; para que cocineras y cocineros (ahora con un erte al cuello) preparen los correspondientes menús. En esta etapa de confinamiento se podrían recoger personalmente o llevar a domicilio apoyados por la solidaridad que emana desde las asociaciones de vecinos y vecinas del propio barrio (con muchos ejemplos en cada población del territorio) y, más adelante, cuando para muchas familias la vida será aún más complicada, se podrían degustar en comedores populares abiertos durante todo el año en los puntos más calientes de cada ciudad.

Se trata entonces de pensar ya a medio plazo para disponer de una red de cocinas comunitarias y comedores populares para las poblaciones más vulnerables, estimulando a la vez el empleo y la viabilidad de la agricultura ecológica a pequeña escala que tanto necesita nuestro territorio. Incluso, estoy seguro, ocurriría como está ocurriendo en Italia, donde colectivos migrantes precarizados en los trabajos temporales del campo, han acabado conformando cooperativas agrarias sabiendo que encontrarán, en este sistema público-comunitario, una garantía para la compra de su producción.

Se empieza con una pequeña experiencia, esta se reproduce en varios puntos estratégicos y se activa un sistema global que cambia las cosas: pura sabiduría africana.