29 nov 2020

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Una hoja de ruta

Realidad y optimismo

LEONARD BEARD

Realidad y optimismo

Antón Costas

¿Cómo afrontar con esperanza el penoso panorama provocado por el covid-19?

Me volvió a ocurrir ayer. Participaba en un debate telemático organizado por Turisme de Barcelona, al que asistían varios cientos de personas. En un momento determinado, Marian Muro, directora de este organismo, nos pidió que diéramos “visiones optimistas” de la realidad.

Su petición me trajo a la memoria otra ocasión, en la crisis de 2008-2009, en la que la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD) me había invitado a una conferencia. Al llegar, salió a saludarme su presidente, el abogado y empresario Emilio Cuatrecasas. A bocajarro, me espetó: “Antón, traes noticias optimistas, ¿verdad?” Un poco atribulado, respondí: “Yo traigo noticias. El optimismo lo tenéis que poner vosotros”. Pero comprendí que mi relato de la realidad no podía ser aséptico, debía incorporar un elemento de esperanza.

El optimismo es una virtud siempre necesaria, pero aún más en medio de realidades duras. Recuerdo el relato de un militar norteamericano acerca de los dos factores que le ayudaron a sobrellevar la larga y penosa situación de prisionero en la guerra de Vietnam. El primero fue mantener incólume la esperanza de que saldría vivo. La segunda fue no negar la penosa realidad que vivía. Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano, luchador antifascista contra Mussolini y agudo pensador recomendó afrontar “el pesimismo de la inteligencia con el optimismo de la voluntad”.

¿Cómo afrontar con esperanza la penosa realidad provocada por el Covid-19? Con tres acciones:

Primera. Ampliar el esfuerzo realizado para el pago de los salarios de los trabajadores afectados por los erte y de los autónomos en cese de actividad y para inyectar liquidez para pymes y grandes empresas a través de avales públicos a los préstamos, así como la moratoria de impuestos. Ahora hay que hacer más de lo mismo, porque esas ayudas aún son menores que las de otros gobiernos. Sin esta segunda ronda de ayudas no podremos preservar el empleo que hemos logrado mantener con los erte.

Hay que poner en valor la innovación que ha significado que el gobierno de Pedro Sánchez, la patronal y los sindicatos hayan logrado ese consenso. De haber actuado sin acuerdo, como en el 2008, hoy tendríamos cinco millones más de parados y decenas de miles de empresas quebradas.

Segunda. Diseñar una hoja de ruta colectiva para la salida del confinamiento y la recuperación económica. Esto significa concertación entre los tres pilares de la prosperidad: empresas, estado y sector social. Sin ella, agobiados por las dificultades, muchos pequeños empresarios y autónomos tirarán la toalla. Definir ese rumbo nos permitirá aprovechar los vientos favorables que, sin duda, llegarán.

Tercero. Poner en marcha nuevos instrumentos de política económica y social para lograr una recuperación inclusiva: 1) El Ingreso Mínimo Vital permanente es una trinchera que toda sociedad decente necesita para luchar contra la pobreza; 2) Un compromiso público de empleo, que asegure a toda persona que quiera trabajar un empleo, ya sea en el sector privado, en el público o en el tercer sector. 3) Invertir para reabrir las escuelas y mejorar la sanidad; 4) Flexibilizar la ley concursal para poder salvar empresas en dificultades. 5) Ampliar la actividad del ICO como banco público de inversión para que pueda capitalizar empresas nacionales estratégicas o en dificultades, como está haciendo, sin ningún rubor, Alemania y  6) Acuerdos entre gobiernos, empresas y centros de I+D para fomentar la innovación y la modernización de todos los sectores productivos.

Escucho voces que dicen que hay que aprovechar esta crisis para cambiar el modelo económico. Sería un error. Sencillamente, debemos hacer mejor lo que ya ha hacemos. Un ejemplo de ese error son las declaraciones del ministro de Consumo despreciando la aportación del turismo. Es una de las industrias más necesarias y con más futuro para nosotros. Aunque debe funcionar mejor.

Todas esas acciones nos permitirán afrontar esta dura realidad con optimismo. Necesitaremos, eso sí, más gasto público, más déficit y más deuda. Pero ahora hay que hacer lo que debemos, aunque debamos lo que hagamos. El BCE y la UE nos ayudarán. Después ya pagaremos. Pero antes tenemos que recuperarnos. Y, para ello, debemos definir juntos la hoja de ruta de un proyecto de futuro.  

En todo caso, por si quedase alguna duda de la importancia del optimismo, vale la pena recordar la conclusión de uno los capítulos del sugestivo libro 'Pensar rápido, pensar despacio' de Daniel Kahneman, un psicólogo y premio Nobel de Economía por sus estudios sobre cómo tomamos decisiones: “Está comprobado, los optimistas se equivocan más, pero les va mejor en la vida”.