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Virus y personalidad

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Unos jóvene, con una camiseta de los Stones.

Unos jóvene, con una camiseta de los Stones. / SAMUEL ARANDA

Un amigo me envía por Whatsapp la foto de un tipo con mascarilla y gafas de sol que luce una camiseta en la que está impresa su cara sin apósitos y la frase It's meSteve con una flecha que señala hacia arriba. Recuerdo entonces que hace unos días me crucé, camino del supermercado, con mi compadre Pere Vall y que no lo reconocí hasta que se bajó momentáneamente la mascarilla antivirus. Lo mismo me sucedió el viernes pasado con una amiga con la que había quedado para dar un paseo y a la que todavía estaría buscando si no me llega a reconocer ella (soy de esos inconscientes que salen a la calle sin mascarilla, aunque compré dos que aún no he estrenado, como si las guardara para una ocasión especial como el holocausto zombi o el ataque de los extraterrestres). No me consta que se hayan popularizado las camisetas del modelo It's me. Steve, pero cada día resultan más necesarias.

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Lo que sí se ha fabricado, como descubro en Instagram, son mascarillas con el logotipo de las principales marcas de ropa o automóviles para personas de alto standing que no quieren llevar mascarillas como las de la chusma y que han causado cierta indignación entre la progresía. Por el contrario, nadie ha dicho nada del negociete que se ha montado el mundo de la música pop, con mascarillas de los Beatles, los Stones y hasta Kiss. Exhibir el logo de Porsche o de Dolce & Gabbana es una frivolidad intolerable, pero lucir en el morro la lengua roja de Mick Jagger es guay. No sé cuánto dinero pillarán los Stones de cada mascarilla, pero intuyo que el porcentaje debe de ser similar al que todo rockero que se precie obtiene de las camisetas con su efigie que llevan años fabricándose para que sus fans podamos, como Nicolas Cage en Corazón salvaje con su chaqueta de piel de cocodrilo, reivindicar nuestra personalidad única.

 La necesidad de explicarle a la gente quienes somos con nuestra indumentaria resulta más bien pueril, aunque no sea yo la persona más adecuada para afirmarlo, dado que almaceno camisetas de Lou Reed, David Bowie, los Pogues, los TalkingHeads y, aunque con intención irónica, hasta una de Britney Spears, cosa que, a mi edad provecta, empieza a resultar un pelín grotesca. No he picado con las mascarillas porque, como les decía, tengo dos criando polvo encima de una mesa desde hace 15 días, pero confieso que he estado tentado de hacerlo. Soy patético.

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