29 nov 2020

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DOS MIRADAS

La taquilla del Teatre Coliseum de Barcelona, cerrada, el 29 de abril.

FERRAN NADEU

En el escenario

Josep Maria Fonalleras

Los teatros no siempre se llenan, pero empezar la carrera de caballos con las dos patas traseras atadas es un suicidio

Será muy difícil abrir teatros con las condiciones que ahora sabemos. Un porcentaje de ocupación restringida que asegure la distancia mínima exigida entre espectadores (da igual si es del 30% como del 50%) hace prácticamente inviable cualquier espectáculo de iniciativa privada. No habrá ningún empresario que se arriesgue a invertir sin tener la perspectiva de un 100%.

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Después, muchas veces, la realidad también es restrictiva y por supuesto que los teatros no siempre se llenan, pero empezar la carrera de caballos con las dos patas traseras atadas es un suicidio. Además, surge otro asunto que deberemos debatir. ¿Qué tipo de obras podremos ver? Si el público está separado, ¿cómo deberán estar los actores y las actrices en un escenario? ¿Recitarán alejandrinos, hieráticos? ¿No se podrán besar, Romeo y Julieta? ¿Y los bailarines? ¿Se acabaron los 'pas de deux'?

Hace unos años, en los escenarios se fumaba. Después, llegaron los cigarrillos homologados de poleo, por cuestiones sanitarias. Ahora tal vez tendremos que inventar algo similar. Quizá lecturas dramatizadas desde un atril o quizá la fascinante, parsimoniosa y distanciada danza del The Nelken Line de Pina Bausch.