Análisis

La crisis del covid-19: ¿una oportunidad para mejorar las ciudades?

Este podría ser el momento de convertir una trágica emergencia en un catalizador de cambio

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Nuevo carril para peatones en la calle Consell de Cent de Barcelona.

Nuevo carril para peatones en la calle Consell de Cent de Barcelona. / FERRAN NADEU

La covid-19 ha azotado con fuerza a toda la sociedad y, tal como ejemplificó el aplazamiento de la COP26, las acciones contra la emergencia climática podrían ser víctimas colaterales de la pandemia. Sin embargo, si algo nos demuestra esta crisis es que cuando salgamos de ella no podemos volver a funcionar igual que antes: el cambio debe ser integral, no solo pensando en la economía, sino también en la equidad, la sostenibilidad y, sobre todo, la salud.

El 55% de la población mundial vive en ciudades. Deficiencias en la planificación urbana y del transporte han convertido a las urbes en focos de contaminación atmosférica y acústica, con un elevado efecto de isla de calor y carentes de espacios verdes.

Pese a ser parte del problema, las ciudades pueden liderar la solución, puesto que son centros de innovación y de generación de riqueza. Para afrontar el cambio integral, es necesario abordar diversos frentes.

Cambios en el uso del suelo

El uso del espacio y el tráfico, la calidad del aire y la gestión de los espacios verdes son importantes para el diseño urbanístico. Hay que tener en cuenta que una elevada densidad de población suele acortar las distancias, así como la importancia de mantener la diversidad combinando hogares, tiendas, escuelas y lugares de trabajo en un área determinada.

El proyecto de las supermanzanas en Barcelona, por ejemplo, propone un nuevo modelo urbano con el objetivo de recuperar el espacio público para las personas y aumentar los espacios verdes y la actividad física.

Reducir los coches

Actualmente hay unos mil millones de automóviles en el mundo. Y eso que el 50% de los viajes en coche son de menos de cinco kilómetros, una distancia que podría recorrerse mediante formas de transporte activo. La bici es una buena alternativa: reduce la mortalidad prematura, no emite CO2, ocupa menos espacio que el automóvil y, de acuerdo con algunos estudios, los ciclistas tienden a ser más felices que otros usuarios de transporte.

Ciudades más verdes

Las ciudades ecológicas tienen beneficios evidentes, como la mitigación del calor y el ruido y la compensación de las emisiones de carbono. Estos efectos aportan múltiples beneficios para la salud, tales como una mayor esperanza de vida, mejor salud mental y funcionamiento cognitivo y mejoras en el estado de ánimo.

Fomentar la participación ciudadana

Es necesario involucrar a la ciudadanía en cualquier desarrollo de planificación urbana y de transporte. Un buen ejemplo es el proyecto Ringland, en Amberes. Se trata del rediseño completo del sistema de carreteras para lograr un desarrollo urbano sostenible a gran escala. La investigación subyacente a este complejo proyecto ha sido organizada en su totalidad por ciudadanos locales.

Colaboración, liderazgo e inversión

Para mejorar las ciudades se requiere la colaboración entre urbanistas y planificadores de transporte, profesionales de la arquitectura, la educación y la salud, por nombrar algunos. El buen liderazgo y la inversión adecuada son esenciales para fomentar estas colaboraciones.

Pese a toparnos a menudo con una falta de liderazgo y de enfoque, las ciudades han tomado la delantera en sostenibilidad y crisis climática, y están más interconectadas que nunca. Algunas organizaciones notables en este ámbito son C40 Cities Climate Leadership Group y las 100 Ciudades Resilientes de la Fundación Rockefeller.

Enfoques sistémicos

Las ciudades forman sistemas de una elevada complejidad. Por eso, para abordar los desafíos que presentan, se deben tener en cuenta numerosos factores: salud, habitabilidad, sostenibilidad cambio climático, equidad, etc. Se requiere un esfuerzo para instaurar este tipo de pensamiento y acción que mantiene un enfoque holístico.

La equidad como marco

Las condiciones ambientales y el estilo de vida no se distribuyen de manera uniforme en las ciudades. Prueba de ello son los gradientes de esperanza de vida en las urbes. Es por ello que cualquiera de las medidas propuestas debe contemplarse dentro del marco de la equidad entre todas las personas.

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En conclusión, una mejor planificación urbana y de transporte puede conducir a ciudades más limpias, habitables y saludables. La COVID-19 exige un replanteamiento de nuestras ciudades: tal vez podamos convertir esta trágica emergencia en un catalizador para un cambio a mejor.

*Investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación ”la Caixa”.