11 ago 2020

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Nuestro mundo es el mundo

Pablo Iglesias desencadenado

LEONARD BEARD

Pablo Iglesias desencadenado

Joan Tapia

Plantear hoy, en plena crisis y con riesgo de quiebras, un impuesto a las grandes fortunas parece un despropósito

El pragmatismo es vida. El dogmatismo, el desastre. El dogmático comunismo ruso murió en 1989. El chino -que abrazó aquello de 'gato negro, gato blanco, lo importante es que cace ratones'- sobrevive bien y sacando pecho en una extraña mutación.

Pragmatismo es adaptarse. La directora general del FMI, templo de la ortodoxia, ha prescrito a los gobiernos, para aguantar la crisis, lo que ni Keynes habría osado: “Por favor, gasten, gasten todo cuanto puedan, y luego todavía un poquito más”. Claro, Georgieva no habla de cosas como subvencionar TV-3.

Vamos a España. Pablo Iglesias propone ahora crear un impuesto sobre las grandes fortunas que recaudaría 11.000 millones (sobre un 1% del PIB gravando -dice- fundamentalmente a las 1.000 familias más ricas. No estaba en el programa pactado con el PSOE y además suena bastante a cuento de Aladino. Cuando la economía tira, la idea de exprimir a los ricos puede ser, sin pasarse, acertada. Pero cuando el PIB va a caer un 9%, el paro y los ertes crecen y se multiplican, el 35% de los comercios barceloneses dicen que no volverán a abrir y necesitamos sembrar confianza para atraer inversores y evitar quiebras, plantear un impuesto a las grandes fortunas es una majadería. Como si la alcaldesa Colau dijera, ahora, que no quiere turistas.

Quizás Iglesias sepa que el PSOE no aceptará su propuesta y solo quiere marcar perfil 'progre'. Quizás, pero la inseguridad generada por el vicepresidente del Gobierno -que es alguien más que la frustrada candidata a la alcaldía de Badalona- no ayuda nada.

Iglesias precisa inyecciones de pragmatismo. Igual que Pablo Casado, que intenta un jaque mate al Gobierno sin haberse asegurado antes la complicidad de Arrimadas.

Incluso Pedro Sánchez debería ser más pragmático. Está bien que pida un Plan de Reconstrucción Europeo de 1,5 billones de euros. Es muy necesario. Pero para empezar España debería coger de inmediato el préstamo de 26.000 millones que le corresponden de los 250.000 millones que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) pone a disposición de los países. Parece que duda por eso del 'riesgo reputacional' y porque teme que la prensa “cayetanista” le acuse del oprobio de pedir el rescate.

Números. España se financia hoy a 10 años al 0,87%. Está bien. Pero el MEDE, que se puede endeudar al 0,1%, le ofrece a España 25.000 millones al 0,115%. Sería el inicio -modesto- de la solidaridad europea. España se ahorraría así unos 2.000 millones -más de la sexta parte de lo que Iglesias cree que recaudaría con su impuesto. Pero si los tipos de interés suben y España se tiene que financiar dentro de unos meses como Italia, al 1,90% -cosa que puede pasar-, el ahorro sería entonces bastante mayor.

Con el MEDE Italia ganaría 7.000 millones, más de la mitad del invento de Iglesias. Aunque quizás la honorabilidad del país que votaba a Silvio Berlusconi sufriría un poquito.

Conclusión: contra la crisis del coronavirus, los políticos españoles -en distintas dosis- necesitan pastillas de pragmatismo. Inés Arrimadas parece haber ingerido alguna.