29 nov 2020

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IDEAS

Madame de Sévigné. 

Mascarillas creativas

Xavier Bru de Sala

Ahora que el teatro, como toda la actividad presencial de la cultura, sufrirá más que ningún otro sector, conviene tener presentes dos factores. El primero, que hay que replantear, y muy a fondo, el reparto de los presupuestos culturales entre lo público y el resto. Ya llevamos demasiados años de desequilibrio como para permitir que toda la carga y más, ¡toda y más !, se deposite como una losa sepulcral sobre los que se van quedando sin horizontes. En contraste, los que cobran de la administración, con el sueldo siempre asegurado, dedican su insolidaria y egoísta prepotencia a acaparar el escaso público disponible durante el desconfinamiento y más después del confinamiento. Hay que contemplar los recursos disponibles como un todo y distribuirlos según las necesidades reales bajo pena de condenar la creación y la gestión a entretenimiento de funcionarios que no se juegan nada mientras tengan contentos a los patronos, es decir los políticos sin capacitación que, prisioneros de los altos cargos, toman sistemáticas decisiones contra los mal llamados privados.

El otro factor, por contraste, debe consistir en un incremento exponencial de la imaginación y la capacidad de riesgo innovador. En este sentido, y a modo de modestísimo ejemplo, la maltratada gente del teatro podría tomar nota de lo que, supuestamente, sucedía en París durante la epidemia del 1687. Hablaría Madame de Sévigné si no fuera un delicioso 'fake[' que corre por internet:

"Ya nadie sale por miedo del azote que se abate sobre nosotros y se propaga como un fuego de leña seca. El rey y el cardenal Mazarino nos confinan [...] nos regalamos con las fábulas del señor de La Fontaine, entre ellas "Los animales enfermos de peste". Y ahora, la maravillosa y muy aprovechable imaginación retrospectiva. "Os envío dos divertidas máscaras; es la gran moda, todo el mundo mundo las lleva en Versalles. Un hermoso ambiente de limpieza que impide contaminarse."

Pues en el mundo real, mascarillas creativas, y reivindicativas, para animar a la gente a ir al teatro que se la juega y expandir la conciencia de la discriminación que ya sufre y más que sufrirá si no se impone un remedio.