01 jun 2020

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Las ciudades del futuro

ANTHONY GARNER

Las ciudades del futuro

Anna Gener Surrell

Nunca habíamos tomado tanta conciencia de colectivo

La pandemia ha puesto de manifiesto las debilidades de nuestra sociedad tal y como la tenemos organizada, evidenciando que estamos funcionando con un modelo desgastado y caduco.

A pesar de que las ciudades han perdido parte de su brillo durante el confinamiento, en favor de los entornos menos masificados, no hay duda de que las urbes seguirán siendo los puntos neurálgicos donde gran cantidad de población se seguirá concentrando, por lo que resulta imprescindible que las redefinamos para mejorar la vida de la ciudadanía.

Las ciudades del futuro deberían aspirar a convertirse en nodos de innovación y conocimiento. El talento que sean capaces de atraer, formar y, por encima de todo, conectar con la vida económica, será lo que generará más oportunidades para su gente. Lo que pone en marcha el motor de la prosperidad de un territorio es el talento que sea capaz de atesorar, pues detrás del talento, vienen las empresas y las inversiones.

Las ciudades se especializarán en industrias o sectores económicos, y enviarán mensajes claros al mundo sobre la clase de talento y de empresas que quieren atraer para sofisticar su economía.

El reto no se reducirá a incrementar el 'know how' colectivo y el rango de complejidad económica, sino que las ciudades deberán dotarse de un planteamiento humanístico, que ponga en el centro a las personas y el planeta. Habrá que resolver los grandes debates que tenemos pendientes como humanidad, que podríamos resumir en tres puntos capitales: detener el calentamiento global, armonizar la revolución tecnológica con la ética y la libertad y erradicar las desigualdades económicas y sociales. Ninguno de estos debates es nuevo, pero la pandemia ha puesto de manifiesto el carácter prioritario con el que hay que abordarlos.

En cuanto a la cuestión del calentamiento global, el confinamiento nos ha enseñado hasta qué punto la naturaleza avanza cuando la humanidad se retira. Tomar conciencia de nuestro impacto sobre el planeta nos ayudará a avanzar hacia la imprescindible transición energética.

Respecto al segundo punto, la armonización de los avances tecnológicos con la ética y la libertad, la pandemia ha evidenciado que el uso de los datos nos puede salvar la vida, pero también que estamos otorgando mucho poder a las corporaciones tecnológicas que registran y controlan nuestros datos. Es urgente definir derechos y garantías digitales que protejan nuestra libertad. La tecnología no es valiosa si no está al servicio del bien común; tenemos que poner, de manera innegociable, a la humanidad en el centro de los avances tecnológicos.

Finalmente, en cuanto a la erradicación de las desigualdades económicas y sociales, nuevamente la pandemia nos ha dado clarividencia, en la medida en la que nunca habíamos tomado tanta conciencia de colectivo. Nuestra salud depende del comportamiento cívico de los otros, como la salud de los demás depende de nuestro civismo. El confinamiento nos ha puesto a prueba a todos, pero la dureza con la que la han soportado los más desfavorecidos ha removido conciencias de una manera muy profunda, porque se ha producido una mayor identificación. Nunca como ahora las desigualdades nos han parecido tan inadmisibles, lo que debería traducirse en una llamada a la acción para erradicarlas.

La sociedad está asumiendo la gravedad de los peligros de no atender adecuadamente estas cuestiones cruciales, por lo que es probable que pasen, por fin, a un lugar de honor de la agenda política.

El caso de Barcelona

Barcelona puede tener una magnífica oportunidad en este escenario de las ciudades del futuro, pues cuenta una gran capacidad de atracción de talento internacional de elevada formación académica. Respecto a los aspectos de mejora, tendríamos que definir las industrias o sectores económicos en los que nos queremos especializar, para poderlos comunicar al mundo con claridad, así como favorecer la formación del talento local y su conexión con el mercado laboral y económico .

Asimismo, Barcelona también puede hacer aportaciones valiosas a los grandes debates de la humanidad, por lo que necesitaríamos, por un lado, organizar redes de reflexión que se adentren en el campo de la investigación, aprovechando la multitud de foros y asociaciones con los que contamos, y por otro lado, conectar estas redes de ámbito más teórico con el mundo económico, para poder pasar las ideas a la fase productiva.

Nuestro tejido empresarial, en el que destacan industrias como la farmacéutica, la digital y tecnológica y la investigación biomédica, también nos pueden ayudar a tener una voz propia en estos grandes debates que definirán la futura organización social.