14 ago 2020

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El Gran Teatre del Liceu graba un vídeo de esperanza en el futuro.

LICEU

Atentos a la pantalla

Josep Maria Pou

Cuando en el 'Nessun Dorma' del Liceu al 'crescendo' de la música se le une al 'crescendo' de la imagen, el grado de emoción es superior

Es el triunfo del vídeo. El triunfo de la imagen. Si la noche del 23-F, hace años, nos tuvo a todos con la oreja pegada al transistor y supuso el renacer de la radio, los días de esta plaga son los de los ojos fijos en la pantalla (tele, ordenador, móvil o tableta) y suponen el no va más de la comunicación por la imagen.

Hablamos, trabajamos, lloramos y reímos a millones de 'pixels' por nanosegundo. Son infinitos los vídeos con mensajes de ánimo, actuaciones solidarias, y tutoriales que se empeñan en mantenernos el cuerpo en forma. ¿Mis preferidos? Aquellos que afirman, escuetos: «Señoras y Señores, la representación va a continuar».

Muchos de ellos son rudimentarios, caseros, a pie de móvil. Otros son auténticas obras de arte. Una virguería de imaginación y recursos. No es nuevo el uso de la pantalla partida; forma parte de la caligrafía del cine desde sus principios (un recuerdo a 'Confidencias a medianoche' y 'El estrangulador de Boston', dos de mis películas de entonces que la usaron con acierto); pero ahora, en la era digital, las pantallas ya no son pantallas sino mosaicos que transmiten tanto o más que la idea que soportan.

Cuando en el 'Nessun Dorma' del Gran Teatre del Liceu (un vídeo de aplauso y ovación cerrada), al 'crescendo' de la música se le une al 'crescendo' de la imagen, que multiplica rostros, voces e instrumentos (a modo de colmena que ilustra que seguimos juntos a pesar de estar aislados, cada uno en su celda), el grado de emoción que se alcanza es, en estos momentos, muy superior al que se pueda alcanzar en el vivo y directo de un escenario. 

No exagero si les digo que hace unos días, disfrutando de ese vídeo en el móvil sostenido con cuidado en la palma de la mano a pocos centímetros de mi cara, me pareció notar sus latidos (los del móvil, ahora un ser vivo acunado por Puccini) acompasándose con los míos. Y con los de quienes lo habían creado y difundido. Y con los de todos aquellos que, coincidiendo conmigo, lo disfrutaban también en rincones lejanos. Un latido universal. Un milagro de la música. Y un milagro, ahora, de la imagen.

Lo dijo el poeta Martí i Pol«Salveu-me els ulls quan jo no em quedi res». 

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