23 sep 2020

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LA CLAVE

Algunos de los trabajadores y ancianos de la residencia San Jerónimo de Estella que se han confinado juntos para evitar los contagios, el pasado 24 de marzo.

EFE / JESÚS DIGES

Almacenes

Albert Sáez

La Administración hace años que, en nombre de la sociedad que se lo permite, trata a los geriátricos como almacenes

Reporteros y corresponsales de EL PERIÓDICO han hecho un retrato minucioso del impacto del coronavirus en las residencias de ancianos en España y en todo el mundo llamado desarrollado. El resumen a brocha gorda es que la mortalidad se ha duplicado en los centros geriátricos y suman al menos 16.000 muertos. Por las características del virus, los mayores de 70 años con determinadas patologías previas son población de riesgo. Pero queda claro que algunas cosas no se han hecho bien. Ha fallado la Administración, en este caso autonómica, en su labor de tutela de estos centros, sean de titularidad pública o privada. Han fallado los propios centros, muy apretados en los márgenes para asegurar rendimientos a los inversores. Y han fallado posiblemente también las familias con la mejor intención del mundo. La fiscalía investiga el tema, con esa tendencia que tenemos hoy a convertirlo todo un juicio penal. Pero hay una dimensión política, y social. 

El covid-19 ha puesto en evidencia que las residencias de ancianos han sido concebidas exclusivamente como almacenes. La Administración dejó de tratarlas como centros sociosanitarios hace ya muchos años. Sus titulares las han montado haciéndolos competir en la economía low cost: mínima inversión (habitaciones pequeñas, espacios comunes multiusos, sobreocupación), salarios bajos, mínimos servicios médicos y especializados, etc. Solo el entusiasmo del personal pone en muchas ocasiones remedio a un ambiente más que deprimente. Sin duda, el hecho de que el 60% de las residencias geriátricas sean privadas ha podido influir en los resultados. Pero no hay que olvidar el triple papel de la Administración en este sector: es titular de residencias que no han sido modélicas, tiene la potestad de la tutela y el deber de la regulación y, en muy buena parte, son la ayudas a la dependencia las que orientan los precios en este mercado. Y si la Administración es responsable, también los somos todos nosotros que elegimos a quienes la dirigen. Y sí, hemos fallado a una generación que forjó nuestro bienestar. Los almacenamos en lugar de cuidarlos como lo hicieron ellos.