Retos para una salida exitosa

Desescalar sin descontrolar

Necesitamos que quienes hacen las ruedas de prensa den directrices cohesionadas y únicas para que la ciudadanía sepa a qué adaptarse en lugar de llevar a una laxitud en el cumplimiento

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Transeúntes y deportistas, en el paseo de la Barceloneta, el sábado 2 de mayo, primer permitido. 

Transeúntes y deportistas, en el paseo de la Barceloneta, el sábado 2 de mayo, primer permitido.  / AFP / PAU BARRENA

Esta cuarta prórroga empieza con lo que han llamado 'desescalada', las progresivas medidas de recuperación de libertades y derechos. El reto para todos los gobiernos del mundo es gigantesco: pausar el sistema a muchos niveles durante un tiempo desconocido e intentando que el daño sea lo más reparable posible. No es sencillo ni simple. Ningún gobierno está preparado para algo así, lo que sí puede es tener estructuras y órganos resilientes e intentar apoyarse en el mejor conocimiento y experiencia posibles. Parece que el Gobierno así lo ha hecho, puesto que el grupo asesor de Moncloa en el diseño de la llamada 'desescalada' es interdisciplinar y variado en cuanto a indicadores de edad y género -sigue pendiente que también incorporemos pluralidad en cuanto al origen-. Si sabremos responder bien a esta progresiva recuperación de derechos y libertades o no será parte del éxito o fracaso puesto que un repunte en los contagios nos llevaría a una segunda ola que complicaría la situación general aún más. Las claves son: la resistencia de los trabajadores públicos, la colaboración ciudadana y la colaboración comercial y empresarial. 

Durante este tiempo, el Estado ha desplegado toda su maquinaria y recursos para dar respuesta a la crisis. Los ámbitos públicos han doblado esfuerzos y servicios y hay sectores en los que los números de personas contagiadas es altísimo. En esos sectores, principalmente sanitario, fuerzas de seguridad y gabinetes de crisis, es necesario disponer de posibles sustituciones y reemplazos que se preparen durante esta bajada epidémica por si hay un nuevo incremento. 

En segundo lugar, la ciudadanía es clave. Entendiendo la extrema dificultad de diseñar y gestionar un plan que tenga en cuenta todos los colectivos pero a la vez reduzca los posibles riesgos, es imprescindible que las informaciones científicas y técnicas sean claras y concisas. A medida que vamos recuperando nuestra libertad de movimientos necesitamos que quienes hacen las ruedas de prensa den directrices cohesionadas y únicas para que la ciudadanía sepa a qué adaptarse en lugar de llevar a una laxitud en el cumplimiento.

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Por último, en la desescalada son vitales todas aquellas personas que se enfrentan a recuperar la actividad económica fuera de sus hogares. Deben contar con apoyo no solo económico como se ha previsto sino a nivel logístico y técnico para que puedan colaborar en una desescalada exitosa.

Es decir, se trata de conseguir que no solo después de la crisis sanitaria sino también durante, seamos una sociedad resiliente. Fuertes pero flexibles para adaptarnos constantemente a los cambios. Críticos y exigentes pero solidarios y colaborativos. Los gobiernos no hacen esta tarea en solitario, alejados en burbujas como si fuese un tablero de juego. Lo hacen con vidas humanas enfrente y también con vidas humanas a lo lejos, las que deberán sobrevivir y recuperarse de esta crisis. El sistema continúa apretando fuerte y la economía sigue decidiendo en el mundo. Un virus nos ha hecho ver que puede pasar por encima. Ahora queda ver qué aprenderemos de todo esto.