La reacción social

Solidaridad épica

El virus ha actuado como un cimiento que llena las grietas de la sociedad de un país y evita enfrentamientos. Ante un enemigo común, actuamos como un único organismo vivo

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Sanitarios del Hospital Gregorio Marañón de Madrid agradecen los aplausos de los vecinos por su labor contra el coronavirus.

Sanitarios del Hospital Gregorio Marañón de Madrid agradecen los aplausos de los vecinos por su labor contra el coronavirus. / SUSANA VERA / REUTERS

Ando leyendo y observando aquí y allá, preguntándome si a esa solidaridad, que pareciera que nació espontáneamente con el confinamiento, se le supone una vida futura o se apagará por completo cuando lleguemos a la temible nueva normalidad. Y en eso descubro un 'zoom', donde el psicólogo Dr. Francesc Colom, reunido con unos colegas sudamericanos, se refiere a la “solidaridad épica” y quedo atrapada por el concepto. El virus, me dirá el investigador en salud mental del IMIM-Hospital del Mar, ha actuado como un cimiento que llena las grietas de la sociedad de un país y evita enfrentamientos. Ante un enemigo común, actuamos como un único organismo vivo, estresándose para afrontar la amenaza. Y así, hemos visto taxistas que no cobran sus carreras a enfermos o sanitarios, empresas que se reinventan para fabricar respiradores, manteros subsaharianos colaborando con artesanos locales para vender mascarillas y batas, plataformas que dan entrada libre a actos culturales y de formación, jóvenes que llevan la compra a sus vecinos mayores, y los aplausos diarios de las ocho a médicos y enfermeras, muchos de los cuáles nunca conoceremos. ¿Hasta cuándo?

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El sociólogo Émile Durkheim ya respondió a esta pregunta. Se trata de una “solidaridad mecánica”, que se produce en sociedades con poca división en el trabajo, cuyas funciones suelen ser las mismas para todas las personas, con independencia de su condición. El virus no ha eliminado la división social, pero nos ha afectado a todos, de manera que la percepción de igualdad se ha esparcido casi por todo el planeta. Cuando creamos que el peligro extremo haya pasado, esa nueva solidaridad mecánica y épica desaparecerá o se reducirá muchísimo. Más, si tenemos en cuenta, la fundamentada preocupación en muchas personas acerca de su situación económica: hay que mirar para casa. Volveremos a ser como éramos, a no ser que el covid-19 haya actuado como un ciclón interior, sembrando en nuestros valores personales la semilla de otra solidaridad mucho más sólida y duradera, esa que el francés llamaba “orgánica”. Ojalá.