01 dic 2020

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TRINCHERAS ETERNAS

’Duelo de garrotes’, cuadro de Francisco de Goya expuesto en el Museo del Prado.

ARCHIVO

Los garrulos de Goya

Juan Soto Ivars

El país no va a salir adelante de este desafío ni con un Gobierno azul ni con uno rojo, sino con la unidad

El español es el único animal que, después de tropezar con la misma piedra de siempre, la agarra y la dispara desde el suelo a la cabeza al vecino que no había tropezado. ¿Cuándo fue la última vez que un adversario ayudó a otro a levantarse? Leo el periódico con mascarilla, lucho por no contagiarme.

Ahora la oposición no quiere estado de alarma. No les gusta este. Quieren otro distinto. Sería más o menos igual, pero estaría decretado por los suyos. Yo, de verdad, me desespero. Veo a gente de lo más cabal, de lo más razonable, de lo más sensata embistiendo como cabestros que han visto un trapo rojo. Y comparto muchas críticas al Gobierno, pero pienso que no las harían si las tornas se invirtieran. Si el Gobierno fuera azul en vez de rojo estaríamos en la misma situación, pero con los papeles invertidos. Los que hoy piden unidad exigirían ruptura.

Esto no es una defensa de Pedro Sánchez: mi único carnet es el reloj que avanza y el tiempo precioso sepultado por la arena. Todos vemos muy bien los toros desde la barrera, pero nos hemos olvidado de un detalle: estamos todos en medio de la plaza. ¿Otros lo harían mejor? Esto es algo que nunca sabremos, y a mí, 'darling', me importa un pimiento. Con estos bueyes hemos de arar.

Con cualquiera estaríamos en las mismas

Cuando los acontecimientos se precipitan, como pasa en las malas novelas, atropellan a quien se ha puesto delante. Podríamos tener a Mariano Rajoy, a José Luis Rodríguez Zapatero, a José María Aznar o a Felipe González y estaríamos en las mismas: una deuda imposible y acumulada que siempre es culpa del Gobierno anterior; un paro inaceptable en un país del primer mundo que nadie sabe solucionar si no es con trabajos de mierda; medios materiales insuficientes para agarrar entre los dedos este virus que corre por el aire; una economía del 'Gran Prix' basada en los servicios, los chiringuitos y la necesaria venida de las valquirias.

Con otro Gobierno, vaya, el planeta seguiría siendo reticente a pasar el próximo verano en los hoteles tobogánicos de Benidorm. Ese problema no lo vamos a solucionar con propaganda partidista. No nos queda más remedio que tirar con lo que tenemos, aunque sea una mierda. Pero en vez de tirar discutimos. Hay que ver lo que nos gusta discutir.

En fin. Si separamos las narices de las curvas de contagio, nos encontramos con que España apesta al mismo alcanfor de siempre, llevemos puesta o no la mascarilla. Es el hedor de la guerra civil, con sus trincheras eternas y sus cubos de basura que nadie baja al contenedor. Ahora que caminamos por sendas desconocidas tropezamos con la misma piedra de siempre, la que hirió a Abel.

La única certeza que me permito estos días de incertidumbre es que el país no va a salir adelante de este desafío ni con un Gobierno azul ni con uno rojo, sino con la unidad. Y la unidad no es sinónimo de obediencia, sino de colaboración. Mientras no lo entiendan unos y otros, estaremos como los garrulos del cuadro de Goya porque los adversarios solo saben trabajar por su victoria. Y esa clase de victoria siempre supone la derrota del otro.