30 may 2020

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DESESCALADA EN EL MUNDO EDITORIAL

Un trabajador de Laie prepara la librería de la calle de Pau Claris de Barcelona para la reapertura parcial que se inicia el 4 de abril, este miércoles.

FERRAN NADEU

Peticiones para una nueva normalidad literaria

Care Santos

Llevo años pensando cómo escribir este artículo, si me atrevo ahora es porque es más necesario que nunca

Ahora que todos empezamos a hablar de "luz al final del túnel" y que a todas horas escuchamos ese sintagma gastado antes de empezar, "nueva normalidad", me atrevo a bajar de la nube en la que suelo andar casi siempre y pedir algunas cosas. Pedir da apuro. Por eso llevo años -no exagero- pensando cómo escribir este artículo. Si me atrevo ahora es porque es más necesario que nunca. Y porque algo debemos de haber aprendido de estas semanas distintas. Además, quien no pide no puede pretender que le den nada. Quien pide, creo, debe molestarse en contar por qué lo hace, qué menos. Así que con la excusa de este galimatías que se nos viene encima a todos los que nos dedicamos a la literatura, con la máxima humildad pero a la vez con toda -con perdón- la razón, me atrevo hoy a pediros:

-A los compradores de libros: volved a las librerías en cuanto nos dejen. Comprad tanto como podáis. En tantas librerías como os sea posible. No solo las independientes os necesitan, también las grandes. No solo las de nuevo, igual las de ocasión. Encargad los libros que no encontréis, esperadlos con la paciencia de que seáis capaces. Husmead en las webs de los libreros y compradles.

Por dios, no pirateéis. Valorad nuestro trabajo. El del librero, el del editor, el del escritor. Si amáis la literatura, sed conscientes de que piratearla es un modo de aniquilarla, de aniquilarnos. Si admiráis a un autor o autora, no hay mejor modo de demostrarlo que pagar por su obra. Desear que ese autor o autora pueda seguir escribiendo, viviendo, pagando sus facturas, pensando en sus libros sin muchas preocupaciones, criando a sus hijos. Sé que piratear es fácil y, por tanto, lo que os pido es un esfuerzo de solidaridad y de responsabilidad. Es decir, de civilización. Pero si algo ha demostrado esta pandemia es que tenemos altos niveles de las tres cosas.

-A los editores: haced un esfuerzo por ayudar a los lectores a ser solidarios. Durante estos días hemos visto muchas iniciativas en la red que hacían asequibles los libros a la población confinada. Estableced precios que hagan atractivos los libros electrónicos y que conviertan su compra en inexcusable. Un libro electrónico que apenas diferencia su precio del libro en papel no disuade de la descarga ilegal. Seguid fomentando la presencia de la literatura en las redes del modo en que la hemos conocido estos días, con esa cercanía, esa calidez y esa seriedad. Así no echaremos nada en falta ni olvidaremos lo que hemos aprendido.

-A los profesores, a algunas asociaciones de padres y madres: no os apuntéis a la socialización del libro en la escuela. Fomentando el libro de uso colectivo estáis restándole valor, estáis fomentando que se vea como una rareza, estáis apartando de él a vuestros alumnos y a vuestros hijos. También les estáis hurtando el inmenso placer de comenzar una biblioteca personal, formada por los libros que les han acompañado a lo largo de su vida y que acaso serán el germen de una mucho mayor. Alejar a los jóvenes de los libros es avanzar hacia un mundo sin libros.

Recomendad la obra de autores de proximidad. En pocos años, nuestra literatura infantil y juvenil ha dado pasos de gigante. Han surgido editoriales implicadas, comprometidas con la labor de crear nuevos lectores, que han creado premios de prestigio, han descubierto escritores cuyos libros hablan a los lectores desde su realidad, con conocimiento, compromiso y profesionalidad. Si dejáis de recomendar a los autores cercanos, si no contribuís a que sus libros se lean, el trabajo realizado durante décadas por centenares de profesionales se hundirá como un castillo de naipes. Volveremos al principio. O peor: porque el principio fue ilusionante.

He escrito muchas veces lo que voy a escribir una vez más. No sé qué haríamos quienes escribimos para jóvenes y niños sin la labor de algunos profesores que dedican esfuerzo y tiempo -muchas horas que nadie les remunera y que pocos les valoran- a conseguir que sus alumnos lean. Valoro vuestro trabajo como el de pocas personas. Ayudadnos a que también el nuestro sea valorado.

-A los libreros y prescriptores de lecturas (y eso incluye también a los pocos periodistas culturales auténticos): recomendad nuestros libros. En especial, cuando escribís sobre literatura infantil y juvenil. Ayudadnos a que el trabajo de nuestros autores sea conocido y valorado. No todo es ficción anglosajona. A veces, quien se mira el ombligo termina por descubrir que lo tiene redondo y precioso.

En fin. Todo eso os quería pedir.

Por favor.