Las consecuencias de una huida

Una ucronía

Mi sensación es que permaneciendo todos los miembros del Govern en España, los Jordis hubieran salido en libertad antes de finales de 2017, y nadie hubiera ingresado en prisión

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Una ucronía

LEONARD BEARD

Como persona que colabora con medios de comunicación, me cuentan muchos rumores. No he sido nunca amigo de hacer caso de esas habladurías, por entretenidas que sean, y mucho menos de tenerlas en cuenta a la hora de escribir o participar en esos medios. Mucha de esa 'información' es además fruto de conversaciones privadas que jamás desvelaría, no por elegancia –parámetro algo anticuado y con frecuencia injusto–, sino por un esencial respeto a un derecho humano: el derecho a la intimidad. No me gustaría vivir en un mundo en el que nadie se atreve a hablar con nadie por miedo a que trascienda lo comentado.

Sobre las circunstancias en que Puigdemont puso tierra de por medio con la justicia española han existido muchos rumores, la mayoría de ellos publicados incluso. Pero como decía, no me gusta hablar de Derecho basándome en rumores. Sin embargo, sí creo útil plantear hipótesis suponiendo realidades alternativas a la que estamos viviendo, porque permiten una comparación con lo asumido por todos que puede ser útil en muchos sentidos. Por ello, dejando al margen sus motivaciones, imaginemos que el expresident se hubiera quedado en España. Ignoremos qué hubiera sucedido de haber convocado elecciones aquel 26 de octubre.

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La situación el 30 de octubre de 2017 era de total desconcierto entre las filas independentistas, tras la entrada en vigor de la intervención de la Generalitat del artículo 155. Viendo la actitud de todos los líderes el propio 27 de octubre e incluso durante el fin de semana, lo lógico es que la conducta de no retener el poder de sus cargos, ya suspendidos, se hubiera generalizado en todos. De haber sido así, y teniendo en cuenta que las querellas de la fiscalía de 30 de octubre de 2017 no pedían prisión provisional, probablemente no se hubiera ordenado esa privación de libertad. Recuérdese que el magistrado Llarena dictó a principios de diciembre de 2017 la libertad de todos los ahora condenados salvo de Forn, Junqueras y los Jordis.

Sin embargo, me temo que el exilio de Puigdemont y otros 'exconsellers' fue un factor determinante en la decisión de no liberar a los cuatro citados. Más allá de las motivaciones expresadas en los autos de prisión, que critiqué reiterada y detalladamente en su momento, un juez no es solamente un jurista, sino también un ser humano con emociones. Y el hecho de ver que otros reos de la misma causa eluden la acción de la justicia, por mucho que no sea un factor legítimo a tener en consideración, debió de tener un peso decisivo para no ponerles en libertad. En el caso de Forn porque también llegó a Bruselas aunque volvió enseguida, creo que legalmente bien aconsejado pese a su destino final. Pero ese viaje imprudente tuvo que pesar muchísimo en la decisión de mantenerle en prisión. En cuanto a los Jordis, habiendo sido los primeros en ingresar en prisión y temiendo el magistrado movilizaciones masivas que, de manera sorprendente, llegó a enmarcar en un delito de rebelión, era obvio que no iba a decretar su libertad, teniendo en cuenta que habiendo ya pasado por un centro penitenciario, quizás pensó Llarena que podrían verse tentados de seguir el mismo camino que Puigdemont para no volver a la cárcel. Insisto en que nada de ello me parece adecuado, pero la presencia del 'expresident' en Bruselas pudo ser determinante en la decisión judicial.

Y más lo fue en el caso de Junqueras, al ser el 'exvicepresident'. Es obvio que cualquiera que conociera un mínimo, entonces y ahora, la política catalana, sabe que entre las decisiones y pensamientos de Junqueras y Puigdemont media un abismo. Pero a ojos del juez, Junqueras era el 'vicepresident' de un 'president' huido. El establecimiento de un paralelismo en la mente judicial, aunque fuera totalmente inadecuado, era probablemente inevitable.

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Obviamente, no ayudó después toda la operación desplegada por Puigdemont para conseguir ser nombrado de nuevo para un cargo que él mismo no quiso mantener en Catalunya, resistiéndose a la aplicación del artículo 155. Llarena, imbuido por su idea acerca de aquella “rebelión”, vio en los intentos de nombrar a Sànchez y a Turull la tentativa de persistir en la insurrección. El posterior traslado al extranjero de algún imputado más, aunque comprensible en el terreno humano, no hizo más que remachar los temores de Llarena.

Es difícil hacer ucronías, pero mi sensación es que permaneciendo todos en España, los Jordis hubieran salido en libertad antes de finales de 2017, y nadie hubiera ingresado en prisión. Probablemente no se hubiera dictado ni la desproporcionada condena que se impuso.