Al contrataque

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Un hombre y su hija se sacan un selfi cerca de la playa de la Mar Bella, el domingo 26 de abril.

Un hombre y su hija se sacan un selfi cerca de la playa de la Mar Bella, el domingo 26 de abril. / DAVID RAMOS

No sé de qué depende, pero hay personas cuyo primer reflejo automático es pensar mal de los demás. Lo primero que ven siempre, sin poder evitarlo, son los defectos, las fracturas, las debilidades, los errores. Cuando conocen a alguien nuevo, inmediatamente advierten sus miserias, ya sean físicas o de carácter. Siempre asumen que en el fondo las motivaciones de los otros son mezquinas o interesadas. El mundo, claro, les parece una jungla amenazadora y van armados hasta los dientes.

En las próximas semanas lo van a pasar muy mal (o muy bien, según se mire). Son los que el domingo se rasgaron las vestiduras al salir a la calle y ver que había grupitos de padres charlando e incluso riendo e incluso ¡bebiendo cerveza! Son los que ponen el grito en el cielo porque el presidente del Gobierno no vaya vestido de luto. ¿En serio? ¿A quién le importa cómo vista el presidente? Ya sabemos que no es ni Obama ni Kennedy, nosotros, tampoco, aunque lo intentamos.

Son los no vieron nada cómico ni se sintieron en absoluto identificados, ni por un segundo, con el pobre exalcalde de Badalona emborrachándose, saltándose el confinamiento y diciéndoles un par de estupideces a los policías que le detuvieron. Son los que se indignaron con Rajoy por salir a dar una vuelta a la manzana. La falta de sentido del humor y la falta de compasión van siempre de la mano. Son los que se declaran compasivos y preocupadísimos por la humanidad en general, pero son incapaces de reconocerla en los ojos de un individuo.

Son los que ya saben de antemano que el desconfinamiento va a ir mal, fatal, porque todos somos unos irresponsables, unos egoístas y unos idiotas y lo único que nos importa es ir a beber cerveza y a infectar a unos cuantos.

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Son los que nunca más nos darán un beso (¡qué pena!) por miedo al contagio y los que nos reprocharán hacerlo. Besarse en la calle será un acto de rebeldía y de resistencia, no una convención social más, volveremos a besar a conciencia, y para escandalizar y fastidiar.

Porque pensar mal de los demás no es sólo pensar mal de los demás, es pensar mal y punto.

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