13 ago 2020

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Desescalada y territorios

Pedro Sánchez, durante la comparecencia de este sábado en La Moncloa.

EFE

La resurrección de la provincia

Jordi Mercader

Entramos juntos y saldremos juntos de la epidemia, este es el resumen del plan de desescalada del confinamiento presentado por Pedro Sánchez. Aunque el cierre del país fue homogéneo y la puesta en marcha de España será asimétrica pero no autonómica. La gran novedad es que la provincia será la unidad de referencia territorial y la quincena el horizonte temporal para evaluar los criterios de aplicación de las nuevas fases que nos van a llevar a finales de junio bajo mandato del estado de alarma. Después de media docena de reuniones con los presidentes de las comunidades autónomas, de oír sus quejas por su papel subordinado en todo este penoso proceso, el presidente del gobierno les manda un mensaje inequívoco: las diputaciones y los ayuntamientos tendrán su cuota de protagonismo en la vía de salida.

Sánchez no podía elegir una figura institucional más hiriente para el gobierno independentista catalán que el de la provincia como unidad básica para la transición a la nueva normalidad, que será gradual, asimétrica y coordinada por el Ministerio de Sanidad. La provincia fue señalada por Jordi Pujol como el enemigo público de la nación catalana, tolerada únicamente por mandato constitucional, prácticamente desaparecida del lenguaje político dominante en Catalunya, un concepto ignorado habitualmente por los medios públicos de la Generalitat. Tras su contundencia inicial, Sánchez abrió la puerta a aceptar la delimitación de unidades diferentes a la provincia, siempre y cuando el gobierno autónomo correspondiente lo argumente, abriendo la mano a que las siete regiones sanitarias en las que está dividido el territorio catalán, por ejemplo, tengan su oportunidad.

Este homenaje imprevisto a Javier de Burgos no le va a sentar nada bien al presidente Torra; la resurrección de la provincia tampoco parece una declaración de confianza en la cohesión territorial de las comunidades autónomas, ni tampoco un incentivo para los pactos autonómicos de reconstrucción, cuya viabilidad en Catalunya ya se vislumbraba complicada con los planteamientos exhibidos en el Parlament. Pedro Sánchez se siente cómodo en el privilegio operativo concedido por el estado de alarma y aprovecha cada comparecencia para asentar el liderazgo del Gobierno central. No cejará en su discurso mientras el virus siga ahí, como advirtió al dar cuenta de las cuatro etapas que regirán nuestras vidas en las próximas 6-8 semanas.

Sánchez nos anunció que estamos a mitad del peregrinaje hacia nuestras nuevas vidas que viviremos con mascarilla y, como mucho, disfrutando al 50% de la actividad urbana, comercial, gastronómica y cultural de la que un día gozamos. Queda mucho camino por recorrer y habrá que ver el desgaste producido por tanta excepcionalidad en el Estado Autonómico, de por sí ya muy erosionado. También comprobaremos si el mando único resiste la aplicación de una apertura del país con reglas únicas pero a velocidad diferente con tanta facilidad como aguantó el cierre por decreto. El sonsonete del agravio acecha.