13 ago 2020

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Al contrataque

Ricky Rubio abraza el trofeo de campeón mundial tras la final

MARK SCHIEFELBEIN (AP)

Las palabras y ganas de ayudar de la estrella de básquet son un soplo de aire fresco frente a la atmósfera cargada de bocazas, odiadores profesionales y oportunistas

“Yo solo sé jugar bien al baloncesto”. Hay muchas maneras de practicar la humildad, pero decir esto tras haber sido elegido el jugador más valioso del último Mundial es imbatible. Y si además pregunta “¿en qué puedo ayudar?”, ahí te das cuenta de que tratas con alguien especial. Y muy grande. No solo por su 1,93 sino por la talla como persona. Esta es la sencilla historia de por qué Ricky Rubio se asoma a 'La Ventana' para responder a preguntas, dudas o reflexiones que le plantean los oyentes. Porque se nos ofreció él.

A pesar de tener una fundación solidaria que acaba de regalar miles de libros a menores tutelados por la Generalitat, de estar en proyectos de ayuda a personas con discapacidad y de haber aportado dinero -él siempre quiere anonimato en esos gestos- para la lucha contra el covid-19; y encima de tener un bebé al que cuidar -y disfrutar-, a pesar de todo eso nos preguntó qué más podía hacer. Y lo que hace es impartir lecciones de vida. El ídolo convertido en terapeuta.

Desde un padre que le cuenta cómo sus hijos cabalgan una montaña rusa de emociones; tan pronto celebran un cumpleaños como lloran la muerte de su abuelo. Hasta otro que le pide ayuda para animar a su hija, loca del básquet pero tan deprimida con el confinamiento que no quiere ni tocar el balón. A todos les responde Ricky con una mezcla de sinceridad y sentido común que te desarman. Es normal que se pierda la ilusión. En mi primer año en la NBA me rompí los cruzados y estuve muy jodido, pero la ilusión vuelve”. “No tenemos que obsesionarnos con algo porque puede acabar pesando demasiado”. “Antes decía que no a cosas que son más importantes. A una comida con la familia, a detalles, a amigos…”. Las palabras de Ricky son un soplo de aire fresco frente a la atmósfera cargada de bocazas, odiadores profesionales y oportunistas que en lugar de preguntarse: ¿cómo puedo ayudar? han enfocado esta crisis a partir del: ¿qué puedo sacar yo? Son repugnantes. Pero los Ricky son un regalo. Y son más. ¿o no?