13 ago 2020

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Muestra de ’street art’ en Madrid

AFP / GABRIEL BOUYS

A distancia

Josep Maria Pou

Puestos a hablar de distanciamiento propongo volver a la teoría de Brecht para aplicarla, sobre todo, a la hora de juzgar la labor de quienes se esfuerzan por sacarnos con bien de todo esto: menos arrebato y más distancia

'Distanciamiento' es un término familiar para las gentes del teatro. Pronuncias “distanciamiento” ante cualquier autor, actor o director con memoria de los años 60 y 70, y rápidamente, como en efecto bumerán, te contestará: “¡Brecht!” Quienes afilamos los colmillos entre bastidores en aquellos años oscuros llevábamos 'El pequeño organón' bajo el brazo como quien lleva la Biblia o el 'Libro Rojo' de Mao. A todos nos entró la misma fiebre: los espectáculos eran 'brechtianos' o no eran. Hablábamos del 'distanciamiento' como del arma idónea (el “coctel molotov” de artistas e intelectuales) para hacer la revolución desde el teatro. Y muchos andábamos dando palos de ciego por entre tanta teoría enmarañada que se nos enredaba en los pies al caminar por escena.

Simplificando mucho, la técnica del distanciamiento pretendía que el espectador no se dejara arrastrar por la emoción de la historia relatada sino que mantuviera una actitud crítica, objetiva y 'distante', a lo largo de la representación. Había que conseguir, pues, que no se identificara con la historia para estar, así, en condiciones de discutirla. Se trataba de apelar menos al sentimiento y más a la razón. Para ello, los actores tampoco debíamos dejarnos llevar (¿abducir?) por el personaje sino que teníamos que  'distanciarnos' de ellos al máximo, dejando patente, con nuestra actitud, que no 'éramos' el personaje sino tan solo su representación. Con todo esa teoría en la cabeza y con la mejor voluntad hicimos buen teatro y mal teatro. Todo a la vez. 

Ahora el término 'distanciamiento' vuelve al primer plano. Llevamos semanas hablando de 'distanciamiento social' (lo que implica una cierta contradicción: la esencia de lo social está en el acercamiento, en el contacto). Puestos a hablar de distanciamiento propongo volver a la teoría de Brecht para aplicarla, sobre todo, a la hora de juzgar la labor de quienes se esfuerzan por sacarnos con bien de todo esto. Es una sugerencia (que no consejo) a quienes se empeñan en verlo todo mal. Menos llamadas a la emoción y más distancia. Menos arrebato y más distancia.  Menos lamento fariseo (interesado) y más distancia. Más y mejores razonamientos. Más objetividad. Distancia.

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