24 oct 2020

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LA CLAVE

El presidente de EEUU, Donald Trump.

MANDEL NGAN (AFP)

Calígula cabalga de nuevo

Luis Mauri

Si Trump no fuera el presidente de EEUU, habría lugar para la chanza. Pero siéndolo, solo cabe la vergüenza ajena y también la propia: no tomó el poder por la fuerza, sino por los votos

"¡Qué artista muere conmigo!". El emperador Nerón, declarado enemigo de Roma por el Senado, pronunció su epitafio tras hacerse apuñalar por su secretario Epafrodito para no ser prendido por los soldados, según el historiador romano Dion Casio. Dejaba tras de sí un reinado de terror (54-68 d.C.) y un reguero de asesinatos, entre ellos los de su madre, Agripina, y sus dos primeras esposas, Octavia y Popea. No está verificado, sin embargo, que Nerón se entretuviera con la lira mientras Roma ardía.

Dos décadas antes (37-41 d.C.), Calígula ya había dejado su impronta de crueldad en el trono. Crueldad, extravagancia, tiranía y demencia, según los historiadores coetáneos Filón de Alejandría y Séneca el Joven, cuya objetividad está hoy en duda. Calígula fue el primer emperador romano que se proclamó dios, quiso nombrar cónsul a su caballo antes de ser asesinado en una de las muchas conspiraciones urdidas en su contra.

La ineptitud y la crueldad en el mando imperial no era una exclusiva de Roma. Fernando VII es la cumbre de la iniquidad, la deshonra y la inutilidad en la Corona española. Empezó motejado como El deseado y, después de traicionar primero a su padre, Carlos IV, y luego de forma repetida y alevosa a los liberales, a quienes persiguió con ferocidad, pasó a la historia como El rey felón.

Curandero embaucador

La falta de escrúpulos tampoco es privativa de los imperios pretéritos. El trono de Occidente lo ocupa hoy un emperador inenarrable. Tras fanfarronear con "agarrar a las mujeres por el coño", causar la huida avergonzada de media Casa Blanca y juguetear a la guerra militar con Irán y a la comercial con China, ahora infarta a la comunidad científica al proponer, cual curandero embaucador, inyecciones de desinfectante y de luz contra el coronavirus.

Si Trump no fuera el presidente de EEUU, habría lugar para la chanza. Pero siéndolo, solo cabe la vergüenza ajena y también la propia: no tomó el poder por la fuerza, sino por los votos.