13 ago 2020

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Explosión de naturaleza

Magnolias en flor.

EFE

Mejor los vencejos

Ángeles González-Sinde

Esta primavera las macetas están reventonas. Como los pájaros, que trinan más que nunca. Y nosotros, la especie más invasora, enzarzados en broncas en el lugar mas sagrado, la sede parlamentaria

Será porque está lloviendo mucho, será porque la lluvia alterna con el sol. Serán las temperaturas benignas, sin heladas nocturnas. O tal vez sea la ausencia de contaminación, pero esta primavera las macetas de terrazas, ventanas y jardincitos están reventonas. Como los pájaros, que trinan más que nunca. ¿Será porque saben que les escuchamos? Mando un mensaje a un amigo que paseaba a diario por el parque del Retiro para sugerirle que, en cuanto permitan salir, se plante allí el primero. Imagino el recinto impresionante después de tantas semanas sin humanos que lo pisen. Las plantas, los árboles, las flores, las praderas, los nenúfares del estanque, todo a su aire durante semanas y semanas sin niños, ni turistas, ni enamorados, ni deportistas. Digno de verse. Y después, le propongo, nos vamos a la Casa de Campo donde, aparte de un rebaño de ovejas y su pastor, no se ha paseado nadie. Será como estrenarla. Él me contesta “Estoy liado. Ando muy pendiente de la llegada masiva de los vencejos. Ya oí los silbidos altos y lejanos de los primeros que llegaron de África hace unas semanas. Eran la avanzadilla. Cualquier día de estos de calor llegarán en tropel, como cada año. Para ellos: "ni pandemia ni pandemio".” Me río y salgo a mi jardincito a ver cómo va el viejísimo rosal que plantaron mis abuelos, que no suele florecer jamás y este año, inexplicablemente, está cuajado de provocativos capullos.

En mi encierro pienso mucho en la vegetación urbana, en unas amapolas espectaculares que han brotado entre las baldosas de la mediana frente al súper. Pienso en que echo de menos a la florista y sus coloridas plantas al sol en la acera. Su ausencia se nota tanto. Los primeros días de la alarma, las imágenes de toneladas de flores tiradas a contenedores de basura y los tractores triturándolas en los viveros eran un mal presagio. Las flores siguen haciendo falta, especialmente con tantos fallecidos. El padre de mi amigo Ángel, la madre de mi amiga Helena, la tía de mi amiga Pilar, la tía de Matt, la suegra de Natalia, Ángel Luis el primo de mi madre, los vecinos de Isabel, mi amigo Jose Mari Calleja… La lista es larga. A ninguno pudimos despedirlos en un velatorio, un funeral, un entierro. Como tampoco hemos podido despedir a Chris que no falleció del corona, pero tuvieron que llevárselo a incinerar a otra comunidad autónoma porque en Madrid era imposible.

Cuidamos nuestras macetas como un tesoro, porque viveros y floristerías no pueden abrir. Mi amigo, el que no puede frecuentar el Retiro, ha optado por poner judías y lentejas a germinar en un frasco, como hacíamos de críos en el cole. Cada día observa sus brotes y me manda las fotos. Su minúsculo pisito da a un patio interior, pero no se queja porque está esperanzado, dice que este año a los vencejos se les escuchará mucho mas que ningún otro. Por mi parte, me esmero en tirar todas las migas del mantel al patio al que da esta habitación en la que escribo. Un mirlo se ha habituado a visitarme en una cita insólitamente tranquila. Es otro de los lujos de vivir en la península Ibérica, un paraíso ornitológico único en Europa.

Le cuento a mi amigo Javier que es voluntario de la Cruz Roja todo esto y me escucha con mucha paciencia, lo cual es de agradecer dado que él no para en todo el día. Las peticiones de alimentos se han multiplicado y el 80% de los solicitantes es la primera vez en su vida que acuden a los servicios sociales. Me cuenta Javier que ayer se dio de baja de todos los grupos de WhatsApp, que no podía mas de bulos, de tonterías, de rumorología y que no quiere discutir con nadie y menos ahora que lo que debe primar son los afectos y la colaboración. WhatsApp es una realidad que no encaja con la que él vive en sus largas jornadas con chaleco rojo recorriendo la ciudad en su coche particular asistiendo a unos y a otros. Las estampas que se encuentra en las casas son demasiado duras para caber en un móvil.

¿Estarán sorprendidos los animales urbanos por esta etapa en que nada les perturba? Tengan conciencia o no, esto no lo han vivido jamás. Insectos solo tendrán que vérselas con reptiles. Reptiles con aves. Aves con felinos. Y nosotros, la especie más invasora, enzarzados en broncas en el lugar mas sagrado, la sede parlamentaria. Se supone que nos representan, pero algunos no parecen ser conscientes de cómo estamos el resto. Me duele mucho que esos dirigentes vociferantes e instigadores de odio me obliguen, como mi amigo, a apagar la radio y quedarme con los vencejos.