Análisis

Las mentiras son un virus

Papel del periodismo es buscar la verdad, y servir de contrapoder. Por eso era tan inicua la pregunta del CIS. Las fuentes gubernamentales no son siempre las más sólidas, tienen intereses, no siempre cuentan todo

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Enfermeros trasladan a una mujer a las Urgencias de un hospital de Madrid.

Enfermeros trasladan a una mujer a las Urgencias de un hospital de Madrid. / DAVID CASTRO

El azar y la necesidad presiden nuestras vidas. El azar (dejémoslo ahí) ha desbaratado el mundo. La necesidad es nuestra nueva realidad. Y mientras intentamos sobrellevarla, algunos se empeñan en minimizar los estragos, buscar explicaciones, evitar que el estado de excepción se convierta en una nueva normalidad.

El azar me lleva a un viejo libro de Marguerite Yourcenar, 'Archivos del Norte': “Amaso el pan; barro el umbral; después de las noches de mucho viento, recojo la madera muerta…”. Tareas íntimas, concretas, llenas de sentido, y en las que la escritora demuestra que hace algo más que pensar y escribir: amasar, barrer, recoger madera… 

Hemos entregado nuestro futuro a una hipótesis: el crecimiento constante, de los viajes, del turismo, del consumo. Al mismo tiempo, percibíamos que ese tipo de progreso (se decía que no habíamos tocado techo, sobre todo teniendo en cuenta las aspiraciones de las nuevas burguesías china e india, que querrían vivir como nosotros, consumir como nosotros, viajar como nosotros) era tóxico. Entregados a ese reparto de tareas, a España, en gran medida, dentro de la UE, le correspondía servir: cafés, copas, cenas, camas… Seguir ordeñando la vaca del turismo, mientras dejábamos de ordeñar vacas reales y sintientes, porque no encajaban en la nueva economía, la nueva agricultura, la nueva realidad. Y, además, dejábamos de hacer cosas con las manos, porque era más rentable que lo hicieran obreros chinos, a precio irrisorio, para que después nos las vendieran, y a medio mundo, aunque eso hundiera mercados… por ejemplo africanos. Desde mascarillas a guantes, desde objetos perfectamente prescindibles a objetos perfectamente indispensables… para defenderse de una pandemia mortal.

Pensar obliga a huir de las frases hechas. Hay comparaciones necesarias: cómo lo ha hecho España y cómo lo han hecho, por ejemplo: Taiwán, Corea del Sur, Nueva Zelanda, y Portugal. 

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Papel del periodismo es buscar la verdad, y servir de contrapoder. Por eso era tan inicua la pregunta del Centro de Investigaciones Sociológicas. Las fuentes gubernamentales no son siempre las más sólidas, tienen intereses, no siempre cuentan todo. Pero hay que tener cuidado para no matar moscas a cañonazos. Los bulos ensucian, empobrecen, alteran el debate, envilecen (como cuando se dice que España mata más que Catalunya). Disponemos de una panoplia legal para que la democracia necesite de más leyes para protegerse contra el virus de la desinformación. Lo dijo en marzo un informe que elaboramos en Reporteros Sin Fronteras: “Si la prensa china fuera libre, el coronavirus no sería una pandemia”. Seguimos sin tener cifras fidedignas sobre los muertos, los infectados, los curados allí. Quien desafía la única verdad del Partido Comunista Chino sufre represión y cárcel. 

Es un hecho, no un bulo, que España, después de Bélgica, es el país con más muertos por coronavirus en relación con su número de habitantes. Eso indica que no se han hecho bien las cosas. Porque teniendo la misma información que otros países no se obró con diligencia. Y ahora estamos pagando las consecuencias. Para Gregory Poland, jefe del grupo que investiga vacunas en una clínica neoyorquina, "la negación de la realidad es mortal". Sin periodismo crítico, la democracia boquea. Las mentiras son virus.