30 may 2020

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A corto y largo plazo

Un niño de cinco años mira por la ventana de su casa en Madrid, de la que no sale desde el pasado 11 de marzo.

OSKAR BELATEGUI

Efectos del confinamiento sobre la salud mental

Judit Vall Castelló

Varios estudios revelan síntomas de estrés postraumático en personas en cuarentena

En la actual crisis generada por la aparición de la covid-19, la emergencia a corto plazo se centra en minimizar los contagios y en asegurar la sostenibilidad del sistema sanitario a fin de salvar el máximo número posible de vidas. Por su parte, la comunidad médica tiene claro que es necesario imponer medidas de confinamiento generales para responder a esta emergencia a corto plazo. Hasta ahí los acuerdos.

A partir de ahí, no está claro que es lo más conveniente. Cuando la evolución del número de personas infectadas y fallecidas empiece a estar controlado, ¿qué opciones tenemos como sociedad? Para contestar, las autoridades precisan información detallada sobre los costes y los beneficios de cada una de las posibilidades. Uno de los aspectos más relevantes es determinar cuándo y de qué manera saldremos de la situación de confinamiento.

Para aportar información sobre esta cuestión, expondré las conclusiones de un artículo reciente, publicado en la prestigiosa revista de biomedicina 'The Lancet', que revisa los efectos del confinamiento sobre la salud mental. En él se evalúan 24 estudios del impacto de episodios de confinamiento derivados del síndrome respiratorio agudo grave (SARS), el ébola y las epidemias de gripe del 2009 y del 2010. El hallazgo general de dichos estudios es que la salud mental de la población sujeta a confinamiento se deteriora y presenta manifestaciones como síntomas de estrés postraumático, confusión e irritabilidad.

En primer lugar, hay que destacar el impacto del aislamiento sobre el personal sanitario, ya que ese colectivo desempeña un papel crucial en la situación de emergencia. Según evalúa uno de los estudios analizados, después de solo nueve días de confinamiento, dichos profesionales están mucho más irritables, aumenta el insomnio y la ansiedad, disminuye la capacidad de concentración y la productividad laboral se ve reducida. Además, algunos de ellos afirman que están considerando dejar su trabajo.

Otro colectivo en el que se ha puesto la lupa es el de las familias con hijos menores. Las observaciones muestran que la tasa de estrés postraumático en los niños expuestos a confinamiento es cuatro veces superior a la de los niños que no se han visto sujetos a tales medidas. Para los progenitores, los efectos son igual de importantes: el 28% de los padres y las madres en cuarentena mostraban síntomas suficientes como para que se les diagnosticara un trastorno de salud mental resultante de una situación traumática.

Un aspecto muy importante es determinar si los citados efectos solo se manifiestan a corto plazo o si, por el contrario, persisten a largo plazo. En el caso del personal sanitario, se observa que el 9% de ellos muestran síntomas de depresión tres años después de la cuarentena. Por lo que respecta a la población general, el 54% de las personas sujetas a confinamiento presentan cambios importantes en el comportamiento meses después del fin de la cuarentena, como evitar los lugares con mucha gente, apartarse de las personas con tos e, incluso, eludir todos los espacios públicos.

Peor cuanto más tiempo

Como vemos, los efectos psicológicos negativos son numerosos, pero no parece posible evitarlos, ya que el confinamiento es imprescindible a corto plazo. Ahora bien, cabe plantearse si hay factores que minimicen esos efectos nocivos. Los estudios revisados apuntan a la duración del confinamiento como uno de los factores más decisivos en la magnitud de los problemas psicológicos. También lo son la falta de información adecuada y precisa sobre la duración y las condiciones de la cuarentena, el miedo a contagiarse, así como la ausencia de productos básicos: comida, por supuesto, pero también productos sanitarios como mascarillas. Por otra parte, la pérdida del empleo y la falta de seguridad económica aparecen como los dos elementos que generan efectos perjudiciales sobre la salud mental más persistentes en el tiempo.

Así, las recomendaciones políticas con las que concluye la revisión son las siguientes: no extender la duración del confinamiento si no existen razones médicas de peso, proveer del máximo de información posible a la población sobre las condiciones de la cuarentena, asegurar el abastecimiento de productos básicos, establecer mecanismos para reducir el aislamiento social e introducir ayudas públicas para asegurar la estabilidad económica de la población. Finalmente, el personal sanitario debería recibir una atención psicológica especial porque las pruebas muestran que el estrés al que están sujetos en estos momentos les pasará factura a medio y largo plazo.