30 may 2020

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Dos miradas

Puesto de venta de libros durante la ’diada’ de Sant Jordi del 2019,   

JORDI COTRINA

¿Papel mojado?

Josep Maria Fonalleras

En función de la meteorología, recordaremos días eufóricos o melancólicas cortinas de plástico que tapaban unos libros que hoy también aguantarán, como puedan, la lluvia inmisericorde del virus, para no acabar como unos papeles mojados

Como decía un librero, "este es el primer año que no vamos a sufrir por si llueve". Mejor un poco de humor, porque nos encontramos ante un Sant Jordi tan indescriptible que las predicciones del tiempo, un clásico de la época, parecen ahora una simple acotación a pie de página y no el grueso del relato, una pincelada inútil y no el trazo decisivo del cuadro. Si los libreros (y demás) miraban el cielo con tanta insistencia es porque eran conscientes de la importancia extrema de un día soleado. De acuerdo, también se vendía en el interior de las librerías, pero la atmósfera era diferente si el 23 de abril se convertía en un estallido primaveral, y cuando digo estallido me refiero, claro, a una exhibición pletórica y solar. Más allá del beneficio para el negocio de las rosas y los libros, incrementaba la sensación de fiesta cívica, de alegría ciudadana.

Este año nos importará poco el pronóstico del tiempo. O quizá sí que estaremos atentos. En función de la meteorología, recordaremos días eufóricos o melancólicas cortinas de plástico que tapaban unos libros que hoy también aguantarán, como puedan, la lluvia inmisericorde del virus, para no acabar como unos papeles mojados.