26 oct 2020

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Las políticas de salud pública

Llegada de ambulancias a un hospital de campaña en Turín.

EFE / EPA /ALESSANDRO DI MARCO

Las diferentes reacciones de los países ante la pandemia

Pere Puigdomènech

A diferencia de en zonas donde había la memoria del SARS, en Europa no existía conciencia ninguna de la necesidad de estar preparados para una epidemia

Los datos que nos proporcionan los medios de comunicación indican que los diferentes países están reaccionando de manera distinta frente a la epidemia de covid-19. Es algo que parecería contradictorio con el hecho de que se trate de una pandemia. Hay seguramente razones muy diversas para ello que tardaremos tiempo en conocer con exactitud. Por ahora hay que ir trabajando con lo que tenemos.

Podría ser que el virus que está infectando Europa fuera distinto del que salió de China. Esto probablemente no es así. Se están publicando cientos de datos sobre el genoma de SARS-Cov-2 y aparecen algunas mutaciones pero nada que indique que pueda hacerlo más virulento. Podría ocurrir que las poblaciones reaccionen de forma distinta ante la infección. Es cierto que hay diferencias entre la capacidad de resistir al virus según la edad y puede que haya diferencias individuales, pero la constitución genética de las poblaciones europeas es muy homogénea y las diferencias con las poblaciones asiáticas tampoco son significativas. Si el virus llega a África la situación puede ser distinta porque allí hay una gran diversidad entre las poblaciones pero llegar a sacar conclusiones sobre estas diferencias sería largo. Por tanto, las diferencias que se dan están en otros factores.

Las diferentes estructuras sociales de los países europeos pueden explicar algunas diferencias. Por ejemplo, Suecia tiene una extensión de 450.000 kilómetros cuadrados para 10 millones de habitantes, mientras Italia su extensión es de 300.000 km2 donde viven 60 millones. En Suecia los jóvenes suelen marchar de casa a los 18 años, mientras en los países mediterráneos hay una buena proporción de jóvenes de más de 30 años que vive con padres y a menudo con abuelos. Pero las últimas noticias de Suecia son que comienzan a aparecer problemas en las residencias de ancianos como en otros países. Es también más fácil controlar la introducción del virus en una isla como Taiwán o una isla de facto como Corea del Sur. Son también países organizados, con medios técnicos sofisticados y con la memoria de una epidemia similar como el SARS. En cambio en los países de Europa tienen una permeabilidad enorme de fronteras y no existía conciencia ninguna de la necesidad de estar preparados para una epidemia. La estructura de las ciudades también cuenta, Nueva York, ciudad muy densa y con población que se mueve con medios colectivos, es más vulnerable que Los Ángeles, mucho más extensa y en la que la gente se mueve en automóvil.

La reacción de la sociedad y de sus responsables políticos ante la epidemia también cuenta. Una vez declarada la enfermedad hay que tomar medidas en un entorno de gran desconocimiento sobre una enfermedad nueva. En teoría existen esencialmente dos maneras de pararla, ya sea rompiendo los circuitos de propagación o permitiendo que se establezca una inmunidad suficiente entre la población. Lo primero es lo que se hizo en China de forma radical ordenando un confinamiento total de la población y que se acepte no salir ni para comprar comida. Lo segundo es lo que se había propuesto en el Reino Unido e implica aceptar un número elevado de muertos en personas mayores y con riesgo hasta que llegue una vacuna. En Europa se ha optado por soluciones intermedias poniendo una gran presión sobre el sistema sanitario.

En consecuencia, cuenta mucho la confianza que se establece en el interior de cada sociedad. En momentos de tanta incertidumbre en que día a día van apareciendo nuevos datos sobre la enfermedad o en que incluso es problemático obtener datos comparables de contagiados o muertos, la toma de decisiones es muy difícil. Estas se pueden imponer por la fuerza, pero en sociedades democráticas es imprescindible que las medidas que se toman sean aceptables para la mayoría de la sociedad. Dinamarca Austria nos dan buenos ejemplos de sociedades bien cohesionadas. Pero también lo es Alemania, que tiene gran experiencia en el manejo de su sistema federal y una gestión sólida que también tiene Francia. Países con tanta tradición democrática y de consulta científica como los anglosajones están tomando decisiones erráticas, lo cual no dice nada bueno de sus dirigentes. En nuestro país, como en Italia, se han puesto de manifiesto las debilidades de la organización política y las que han producido años de baja inversión en el sistema sanitario y científico. Cuando negociamos con nuestros vecinos no nos ha de extrañar que nos pregunten qué estamos haciendo.