27 oct 2020

Ir a contenido

Análisis

Temporeros en Lleida

DEFOTO / ADRIAN ROPERO

Migrantes y covid-19

Ruth Ferrero-Turrión

Es imprescindible la articulación de medidas que protejan a migrantes y refugiados, de lo contrario, no será posible ni controlar la pandemia, ni tampoco el deterioro constante de nuestras democracias

Desde el comienzo del confinamiento en Europa la cuestión de las migraciones ha dejado de ser motivo de portadas de prensa. Las fronteras se han cerrado y se ha reducido a la mínima expresión, y solo para casos excepcionales, la movilidad de las personas a lo largo y ancho de todo el territorio europeo, y del planeta en su conjunto. Lo último que se recuerda de la cuestión migratoria fue cuando una contundente Ursula von der Leyen sentenció que Grecia era el escudo defensivo de la UE frente a los refugiados, copiando, sin pudor, el discurso del líder húngaro Viktor Orbán. Todo ello sucedió el 3 de marzo.

Seis semanas después de aquello prácticamente nadie se ha vuelto a acordar ni de los refugiados, y, mucho menos de las personas migrantes residentes en la UE. A nadie se le escapa los efectos devastadores que podría causar el covid-19 en este grupo de población tan vulnerable que vive hacinada en campamentos y en áreas urbanas muy densamente pobladas y pauperizadas. Diversas organizaciones internacionales, como la propia OMS, han advertido a las autoridades sanitarias de la necesidad de activar una evaluación del riesgo de propagación del virus en los campos de refugiados, así como de eliminar «todas las barreras para acceder a los servicios de salud, así como las restricciones legales, administrativas y financieras». O como la FAO, que subraya la importancia de los trabajadores migrantes como piezas esenciales de los sistemas agroalimentarios, pero altamente desprotegidos. Su recomendación es la protección de estos trabajadores por la vía de una ampliación de sus permisos de trabajo, para aquellos que lo tengan, y añade que «todos los migrantes, independientemente de su estatus migratorio o laboral, deben tener acceso a las medidas de respuesta articuladas en relación con el covid-19, incluyendo acceso a la salud y la protección social».

Portugal puso en marcha una vía de regularización rápida para aquellos que la hubieran solicitado, concediéndoles un permiso temporal con iguales derechos que los portugueses hasta fin de junio. Un grupo de diputados de los partidos de la izquierda en Francia han solicitado la regularización de los migrantes indocumentados. En España se ampliaron los permisos de residencia y trabajo para aquellos temporeros que ya se encontraran en el territorio. En Italia se están dando cuenta de la necesidad de este tipo de trabajadores si no quieren perder una buena parte de su producción agrícola. 

Poco a poco, todos los gobiernos de Europa se están dando cuenta de que la migración no solo no es ajena a sus sociedades, sino que es indispensable para mantener su estilo de vida, sí, ese que ahora tiene hasta su propio comisario. Hasta ahora lo sabían, pero no lo decían, la pandemia está haciendo que lo verbalicen y visibilicen frente a sus poblaciones. 

La alerta sanitaria que tenemos sobre nuestras cabezas hace indispensable un conocimiento de la composición de nuestras sociedades lo más ajustado posible para poder controlar al virus. Sin los migrantes, sin los refugiados, nuestras sociedades no están completas. Es imprescindible la articulación de medidas que protejan a estas personas, de lo contrario, no será posible ni controlar la pandemia, ni tampoco el deterioro constante de nuestras democracias.