El covid-19 y la transformación digital

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Una mujer teletrabaja en su casa (en pijama).

Una mujer teletrabaja en su casa (en pijama). / MÒNICA SERRA

Durante estos días de crisis del covid-19, debemos aprovechar para observar cómo la sociedad de la información irrumpe, dejando atrás a la sociedad industrial. Se distingue la brechas entre personas, organizaciones y  países, en función de si han adoptado la sociedad en red. Existen dos grandes grupos de profesiones. Las personas de trabajos de conocimiento, que usando un dispositivo se conectan a la red y pueden trabajar, en cualquier lugar y momento, y personas con trabajos con presencia física necesaria. Viven de forma muy distinta la situación y sobre todo sus expectativas de  futuro.

La brecha entre el trabajo más cualificado, cada vez más concentrado y valorado y el menos cualificado, es cada vez mayor. Mucha gente saldrá peor de esta crisis y otra saldrá mejor, como  sucedió en la crisis del 2008, por factores como la capacidad de adaptación, acceso a oportunidades o disponer de  redes de contacto.

Por ejemplo, los sectores digitales ya se están beneficiando, –más compras de ordenadores o redes para teletrabajar–  y en cambio el sector de restauración y turismo ya han sufrido un cierre total esta Semana Santa.

Las empresas y organizaciones están a prueba estos días sobre su transformación  digital.  La mayoría han adoptado el teletrabajo por las circunstancias, aunque tan solo el 4,3% de personas ocupadas en españa teletrabajaban según la última encuesta de población activa.

En el nuevo escenario poscoronavirus, se va a acelerar la adopción tecnológica. Después de esto casi nadie va a dudar que solo hay una opción: apuntarte al cambio. No se trata solo de implantar tecnología, sino de un cambio de cultura en la organización y del estilo de liderazgo y el trabajo en red:  orientación a resultados, flexibilidad y  confianza, que aportan en positivo posibilidades de conciliación y menos desplazamientos que nos hacen más sostenibles.

Las brechas entre países también están sobre la mesa. Asiáticos y China van  a salir mucho mejor. Disciplina y tecnología han sido la mejor respuesta de momento.

Corea del Sur ha hecho un uso ejemplar de la tecnología, una app que se ha distribuido a toda la población controla la temperatura, geolocaliza a las personas y puede detectar clusters de la pandemia.

Aquí, aún se defiende bajo el paraguas de los valores, no usar una app como esta ni con estado de alerta. ¿Podemos limitar un derecho tan básico de libre circulación de las personas y no usar una app que geolocaliza para controlarla? O ¿El derecho a que las personas más jóvenes sean geolocalizadas está por encima del derecho a la vida de mayores o grupos de riesgo? El estado de derecho social europeo se creó para proteger a personas en situaciones de vulnerabilidad.

Nuestra vieja Europa sigue siendo demasiado lenta. Entretenida en largos debates dubitativos sobre el uso de la  tecnología, con una mirada antitecnología fruto del  miedo a la incertidumbre de los cambios que van a llegar de todos modos. Pocos proyectos Technology for good para tomar la iniciativa aplicando la tecnología de forma correcta y para retos sociales. Solo usando las tecnologías intensamente se van a resolver las contradicciones y  ajustar límites éticos. Pero, sobre todo, se van a dominar y conocer para poderlas aplicar de forma inmediata  en contextos de crisis.

Existe expectación sobre el impacto en Estados Unidos, porque no es solo cuestión de la adopción tecnológica, sino sanitaria y social. Veremos si los peores pronósticos se cumplen.

Tratamiento de choque

Nuevos paradigmas surgirán tras este tratamiento de choque que vivimos en todos los planos económico, organizativo y social. Las organizaciones van a tener que aplicar la transformación digital de forma más acelerada. Más allá de la implantación tecnológica, deberán abordar la cultura del trabajo en red; la supuesta necesidad del presencialismo ha sido superada estos días por la realidad.

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En la reconstrucción económica y social tras esta crisis, en las agendas gubernamentales, habrá que compensar de forma más justa tareas que para  la economía ahora son ineficientes, como el sector primario o los cuidados de las personas. Porque, ¿existe  algo más importante estos días que tener servicios de salud o el abastecimiento de alimentos ?

Se trata de pensar cómo nos preparamos para un futuro de cambios acelerados y crisis que se van a suceder. Disponiendo de más conocimientos y tecnologías que nunca, debemos ser capaces de hacer una distribución de recursos más equitativa y equilibrada.