02 dic 2020

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Reacciones insolidarias

Sintecho en Valencia.

MIGUEL LORENZO

Dame mi #paguita

Juan Soto Ivars

No es la ayuda al pobre lo que les jode, sino la mera existencia del pobre.

El día que el gobierno anunció la renta básica proliferaron en Twitter las coñas con la etiqueta #paguita. A los coñistas les parece mal que el Estado dé dinero a los pobres. No les molesta que el Estado dé dinero a los ricos o a quien ha perdido mucho por avaricioso. A esos consideran que el Estado no les da, sino que les restituye un poco de lo que les robó con los impuestos. Por eso ponen el grito en el cielo por la renta básica pero se quedaron mudos cuando el Estado soltó millones a una banca negligente para tapar los agujeros inmensos abiertos por su especulación. Entienden muy bien el 'too big to fail', pero el 'too poor to live' les suena a chino.

Yo sostengo que no es la ayuda al pobre lo que les jode, sino la mera existencia del pobre. El hecho de que haya pobres pone en peligro su fantasía. Si quieres convencerte de que el sistema capitalista es la escalera de las oportunidades, el pobre es una distorsión y un estorbo. Hay que atribuirle por tanto la estupidez, la torpeza y la molicie, las ganas de aprovecharse de los demás. Convencidos de que el mérito es una llave maestra e infalible, el pobre les parece alguien que no está a la altura de la perfección del sistema.

Su definición del pobre es la siguiente: persona incapaz de aprovechar las ventajas para enriquecerse. Un inútil que se aprovecha del buenismo y utiliza al Estado para perpetuar sus privilegios, una mancha en la resplandeciente arcadia capitalista. ¡Curioso! Al que extiende la mano insegura le llaman ladrón y al que les roba la cartera con guante blanco le dan las gracias y proponen levantarle una estatua. Creen que lo saben todo de la economía, pero ni predijeron el crack de 2007 ni entienden el de 2020.

Justifican que un rico se vaya a un paraíso fiscal cuando le suben los impuestos pero no que suban los impuestos al rico en una situación catastrófica para millones de familias. Consideran que la única responsabilidad del rico es seguir siendo rico: jamás criticarían que se lleve sus fábricas a otro país, o que baje los salarios de su plantilla. El fetichismo del dinero les ha hecho ver al rico como una víctima, como un pobre, y al pobre como un privilegiado chupóptero que se aprovecha de la sociedad. El mundo al revés.

Tienen por tanto una idea del rico tan distorsionada como la visión que cierta izquierda promueve del obrero. Al insensato mural de Diego Rivera de algunos progres oponen el no menos insensato mosaico del Rockefeller Center, una mala digestión de 'El lobo de Wall Street'. Cada cual vive cegado por el fetichismo que más le excita, faltaría más.

Puede que la medida de la renta básica sea equivocada, y seguro que más de un indeseable se aprovechará de ella. Pero la ola de pobreza monstruosa que se avecina nos obliga a intentar nuevas estrategias. Como ha escrito Slavoj Zizek en 'El Confidencial', “si una reacción solidaria a la pandemia puede causar mayor daño que la propia pandemia, ¿no es acaso un indicio de que algo no funciona en una sociedad y una economía que no pueden permitirse tal solidaridad?”