Una difícil decisión

Economia, pobreza, coronavirus y política

El Gobierno español debe hacer un complejo equilibrio entre control de la epidemia, mantenimiento de la economía, sostenimiento de los más débiles y explosión del déficit y deuda

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Economia, pobreza, coronavirus y política

LEONARD BEARD

La decisión del gobierno de permitir el retorno de la actividad económica no esencial se ha convertido en arma arrojadiza. Desde la Generalitat, Torra y la portavoz del Govern Bundó acusan a Sánchez de un posible retorno de la intensidad epidémica; y, desde el Partido Popular, las posiciones no son muy distintas. Mal asunto cuando temas tan sustanciales como la vida o la muerte, el colapso económico y el sufrimiento de millones devienen batalla política, independentista o no.

Cierto es que los titubeos y contradicciones del gabinete Sánchez no ayudan a generar confianza. Pero, sea la que sea la que ofrezca, también lo es que no se ve un final claro al confinamiento. La presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, ha comentado que quizás habría que mantenerlo para colectivos débiles... ¡hasta finales de año! Y que no era buena idea efectuar reservas turísticas para el próximo verano. Aunque es dudoso que ella deba pronunciarse sobre estos temas, sus afirmaciones ponen el dedo en la llaga de la magnitud de la crisis que nos aguarda. Y a medida que se conocen más estimaciones del coste económico, en empleo y en renta, la lucha contra el covid-19 toma otro cariz. Por ejemplo, la caída de la afiliación entre el último día de febrero y el de marzo ha sido, simplemente, espeluznante: cerca de -840.000 afiliados (un -4,3%). Para que ubiquen el dato: esta pérdida, básicamente ocurrida entre el 12 y el 31 de marzo, es prácticamente idéntica a la que tuvo lugar en los seis meses que transcurrieron tras el colapso de Lehman Brothers entre finales de septiembre de 2008 y marzo de 2009.

Por ello no ha de extrañar el consenso sobre la magnitud del choque. La OCDE estima que el PIB cae unos 2 puntos porcentuales por mes de confinamiento total (entre 4 y 6 puntos por trimestre), empujado por caídas de entre el 50% y el 100% para sectores como viajes, turismo, comercio, restauración, entretenimiento, compra de viviendas u otros ámbitos constructivos. Con ello, la OCDE calcula una contracción inicial del PIB en el entorno del 20-25%.

El impacto final dependerá de la rapidez con la que las medidas adoptadas se filtren a la economía, la extensión de la caída a sectores inicialmente no afectados y de la extension y duración de los cierres de actividad. Porque, según se prolonguen más o menos, se abren dos posibilidades. Primera, una crisis en forma de V, con acusada contracción al principio (caídas del PIB por encima del 10% y, en algunos países, del 20%) apuntando a repuntes notables en 2021. Segunda, una recesión en forma de L o W, que deja para más adelante la posible recuperación. En todo caso, para España y Catalunya el horizonte es sombrío: los efectos sobre el turismo, viajes, sector inmobiliario y comercio son particularmente negativos.

A lo anterior añadan el impacto sobre las finanzas públicas: un déficit para 2020 que facilmente puede situarse entre el 7% y el 10%, una deuda en el 108% del PIB y, más allá, un endeudamiento acercándose al 120%. Finalmente, como en todas las crisis, esta tendrá también efectos redistributivos perversos: los que más la sufren son los colectivos más duramente castigados anteriormente, en las recesiones 2008-12, y que ya se encontraban en peor posicion: jóvenes, con contrato temporal, en sectores de baja cualificación y menores posibilidades de teletrabajo.

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Así, de la caída de 240.000 afiliados al Régimen General que ha tenido lugar en la media de marzo (un -1,6%), el 70% ha recaído sobre menores de 40 años (con un retroceso del -2,8%) y un 89% en trabajadores eventuales (caída del -5,2%), lo que refleja la concentración sectorial del choque: cerca del 60% de toda la pérdida en afiliación se ha producido en la restauración, el comercio y la construcción. No es extraño que algunos expertos sanitarios adviertan ya del muy negativo impacto sobre la salud, mental y física, de los grupos más desprotegidos.

Este es el marco en el que el Gobierno español ha de decidir: complejo equilibrio entre control de la epidemia y mantenimiento de la economía, minimizacion de pérdidas de empleo, sostenimiento para los más débiles y explosión del déficit y deuda públicos. No es decisión fácil, ni existe un manual para afrontarla. En todo caso, acusar de potenciales errores sobre la epidemia sin considerar ningún otro elemento es lo que jamás debería hacer un gobernante. O de aquel que pretenda serlo. Al igual que tampoco es de recibo esconderse tras la opinión de expertos: los políticos han de tomar las decisiones que mejor sirvan al interés general. Por duras que sean.