Editorial

Paciencia con el desconfinamiento

La normalidad irá llegando a pequeños pasos, que no se podrán dar sin información epidemiológica mucho más fiable que la actual

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El Periódico

Entrada a Barcelona por la Diagonal al mediodía de este lunes.

Entrada a Barcelona por la Diagonal al mediodía de este lunes. / JORDI COTRINA

Un paseo por el parque, un refresco en una terraza, una salida nocturna con los amigos… Por ahora, esa vida que tan normal nos parecía solo puede anotarse en la lista de los deseos. Volverá, pero resulta difícil predecir cuándo. Por el contrario, hay acuerdo entre los expertos en que la libertad irá llegando a pequeños sorbos. Y aunque el 10 de mayo es el día marcado por el Gobierno de Sánchez para empezar a salir a la calle, mejor tomarse la fecha como el inicio de un proceso y no como el final del enclaustramiento. 

La recuperación irá llegando poco a poco y son varios los factores que influirán en su velocidad. El más determinante: el volumen de población que haya pasado el virus y que, por tanto, sea inmune. No hay cifras ni oficiales ni fiables en esta consideración, ya que no recogen las personas que han pasado el covid-19 de forma tan leve que no lo han comunicado a los centros sanitarios, ni incluso muchas que han sufrido sus efectos sin ser hospitalizadas. Aún resulta más complicado predecir el número de infectados asintomáticos. A finales de marzo, el Imperial College calculó que en España podría haber hasta unos siete millones de contagiados en la estimación más alta.

Es necesario corroborar los datos. Si el porcentaje de población que se ha contagiado es menor de un 30% o un 40%, la inmunidad colectiva es baja. Si hubiera un desconfinamiento total y abrupto, podría haber un rebrote de la enfermedad y el sistema sanitario no lo podría soportar. Por el contrario, si el número de personas que se ha contagiado es elevado, será más difícil que el virus encuentre un huésped con el que quedarse.

Conocer el número de contagiados es importante; también la calma. Que no es sinónimo de parálisis. Progresivamente, la vida debe ir retornando. Pero siempre con precaución y con capacidad de reacción ante posibles repuntes del virus. El sistema sanitario no puede estar permanentemente al límite y hay que asegurar el 'stock' de material de protección. También deberán armarse de paciencia las personas más vulnerables, ya que será las últimas en poder librarse de la reclusión. Por el contrario, parece obligado situar a niños y adolescentes en los puestos de salida. Es innegable el gran esfuerzo que están realizando.

La vida activa irá retornando, pero durante un tiempo no será una réplica del pasado. Las mascarillas formarán parte de nuestro atuendo diario. En los puestos de trabajo se impondrá la distancia y se evitarán las reuniones presenciales. Los eventos deportivos serán a puerta cerrada y ni siquiera los jugadores se abrazarán para celebrar los triunfos. De hecho, los abrazos aún tardarán.

Sí, mejor no obsesionarse con la réplica del pasado. El factor psicológico es importante. Estamos viviendo una situación desconocida, dolorosa y estresante, aún más los profesionales de la sanidad. La falta de socialización, la soledad impuesta puede llegar a ser muy difícil para algunas personas. La ansiedad o la depresión amenazan la estabilidad emocional, por ello es necesario alejar de la mente todo aquello que genera frustración. Mientras llega la ansiada normalidad, la paciencia debe marcar el día a día.