13 ago 2020

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La hoguera

El líder de Vox, Santiago Abascal, en rueda de prensa en Estrasburgo

LAURA POUS (ACN)

WhatsApp, bulos y Vox

Juan Soto Ivars

Las teorías de la conspiración son más sólidas cuanto más estrecho es su cauce y más pruebas hay de su falsedad

WhatsApp anunció que va a poner límites al reenvío de mensajes para combatir los bulos, y acto seguido llamó Vox a sus seguidores a pasarse a Telegram. El chiste se cuenta solo, pero los de Abascal saben muy bien lo que están haciendo. Han capitalizado por completo la rebeldía contra esa corrección política en que naufragan izquierda y derecha. Aprovechan la 'neolengua' -ya 'viejolengua'- que usan todos los demás, y saltan sobre sus mentiras piadosas con una pértiga de brutalidad.

Como lo del coronavirus, esto se podía saber. En el 2017 publiqué un libro donde lo advertía. Había estudiado la rebeldía lingüística de Trump en el pantano de tabús en que se han convertido los Estados Unidos, y apunté a sus giros lingüísticos (“agarrar del coño”, etc) como un ingrediente de su éxito. Pues bien: la estrategia de Vox es la misma. Trump sabía que lo percibían como alguien honesto pese al martillo de los medios, porque mucha gente que se ríe por lo bajo y se burla, con mucha razón, por cierto, del lenguaje bobo de los miembros y miembras de la clase política.

Mientras la izquierda se ríe de los 'cuñados', Vox sabe que les creerán siempre que hablen en un tono que recuerda al del marido de tu hermana. Esto no es más que el equivalente lingüístico a entrar sin corbata al Congreso o hacerse la foto con los viejos jugando al dominó. No tienen más que nombrar algunas cosas que la corrección política te asegura que no existen o son irrelevantes, y que tú sabes muy bien que son cosas de las que nadie se atreve a hablar.

¿De qué va a servir cualquier medida de contención? Las teorías de la conspiración son más sólidas cuanto más estrecho es su cauce y más pruebas hay de su falsedad. Podrán caparles WhatsApp, dinamitarles todos los perfiles en redes sociales o hacerles el vacío en los pasillos del Congreso, pero hasta que sus oponentes no se atrevan a afrontar con honestidad algunos temas difíciles no van a dejar de crecer.

No es que digan la verdad: es que, cuanto más hablan los otros, más se lo parece a mucha gente.